Despiértame cuando se esconda la Luna - Parte I: El Rechazo

- No es por mí ¡Entiéndelo! ¡Es por ti! No es porque tú seas malo, es porque yo no puedo estar a tu lado.

- ¿Cómo eres capaz de decidir por los dos?  Si tú dices que es por mi bien, ¿Por qué demonios decides por mí? ¿Por qué no dejas que también elija? ¿Quién diablos te crees para dejarme varado en medio de la nada y sin equipo para sobrevivir? ¡Contéstame carajo!

- Entiende que no podemos seguir, lo siento pero lo nuestro llegó hasta acá.  ¡Adiós!

Dio media vuelta y se marchó, se fue como el viento que sopla en noviembre, rápido y sin regresar.  Mis piernas temblaron a causa del pánico que había dentro de mí, mi mano derecha soltó un cofre que tenía sujetando entre sus dedos haciéndose añicos.  Estaba siendo abandonado por la persona quien creí me amaba.  Sentí que dos frías gotas corrían por mi mejía izquierda llegando hasta mi boca donde sentí la amargura del momento.  Estaba parado, inerte e incapaz de poder detenerla y suplicarle que permaneciera a mi lado. La dejé ir, solamente aceptando que se fuera tras el horizonte.  Mi nombre es Juan Pablo, y esto fue lo que me sucedió:

Era una tarde del 30 de noviembre de 1998, me sentía nervioso por lo que ese día significaba para mí.  Tomé mi saco y me vi al espejo esperando lucir espectacular para el momento que se avecinaba.  Tocaron la puerta de mi cuarto.

- Hijo, ¿puedo pasar? – preguntó mi madre.

- Si por favor, necesito que me digas como me veo.

- Hay hijo, quítate esa camisa.  ¿Como se te ocurre ese color? Pareces arbolito de navidad.

- ¡Madre! Pero si es mi camisa favorita.  Waaaaa está bien dame tu una que le quede bien.

- ¿Te sientes nervioso? – preguntó mi madre entregándome una camisa de un color celeste suave.

- Si madre, estoy hecho un manojo de nervios.

- Jaja – río - recuerdo el día que tu padre me propuso matrimonio – dijo mi madre entre suspiros - Ya ves, esa se ve mejor.

- Está bien, está bien.  Me llevaré esta.

- Es una buena muchacha hijo.  Te casarás con una de las mejores mujeres del pueblo.

- Lo sé madre.

- Si hijo, ve con cuidado.  Desde aquí le pediré a la virgencita de Fátima que todo te salga de maravilla.

Despedí a mi madre con un beso en la mejía y ella me respondió con una bendición. Salí de mi casa hacia el estacionamiento de mi auto, ya que no contaba con un parqueo propio en mi casa. Encendí el auto, escuché música romántica y me dirigí hasta el restaurante donde me esperaba mi futura prometida. Iba cantando muy feliz, con el corazón agitado y muriendo de los nervios. El trayecto me pareció un camino muy largo, aunque en realidad estaba a escasos 20 km de mi vivienda. Llegué al restaurante y la vi con algunas maletas en las manos, me pareció extraño aunque no le presté importancia. Me estacioné, revisé que en la bolsa izquierda del saco estuviera el cofre del regalo, baje del auto y me dirigí hasta donde se encontraba.

- ¡Hola amor! – la saludé con un profundo beso y muy emocionado – te he extraño tanto – le susurré al oído.

- Tengo algo muy importante de lo cual quiero que platiquemos – dijo y en ese instante sentí una tristeza muy profunda en su voz.

- Yo también necesito decirte algo – le dije alarmado y al mismo tiempo emocionado – pero antes comamos un poco que estoy muriendo del hambre.

- ¡No! ¡Tiene que ser ahora!

- Vamos cielo, tranquilízate. Te prometo que hablaremos, pero antes déjame tranquilizarte, por favor, cenemos y luego platicaremos todo lo que tú quieras. – le dije tratando de convencerla para que se calmara - Tú siempre has dicho que antes de hacer algo muy importante en tu vida, debes de complacer la barriga.

- No quiero que vayas a evadir el tema.

- Te prometo que no será así.

Le tomé la mano y sentí un cierto rechazo en ella. Tomé una de sus maletas sin hacer pregunta alguna para no apresurar lo que tenía que decirme. Sabía que si entrabamos en detalles, por su reciente actitud, no podríamos cenar tranquilamente. Tenía que empezar a ingeniármelas para hacer que se sintiera bien y de esa manera mi propuesta fuera en un momento muy especial. Entramos al restaurante, en mi interior algo me decía que las cosas no marchaban bien. Cenamos, teniendo una cena bastante tensa. Yo trataba de abrir conversación y ella se esmeraba en matar cualquier tema del cual pudiéramos hablar. Con cada segundo que transcurría, se ponía más tenso el ambiente y el momento. Deseaba con todas las fuerzas entrar en su mente y saber que era lo que en realidad sucedía porque su silencio me hacía daño, mucho más de lo que pudiera controlar. ¿Por qué no le preguntaba que sucedía? No quería entrar en detalles, aunque esa pregunta hiciera que todo volviera a la normalidad, prefería buscar y encontrar mis propios medios para saber que era lo que en realidad le sucedía. Pasamos una hora y media sentados en una mesa como dos completos desconocidos, en donde una de las partes deseaba hablar y la otra parte solamente ignorar. Terminamos de cenar y al llegar el mesero por la cuenta, ella sacó su cartera dispuesta a pagar la cuenta. Ese detalle hizo que el miedo saltara dentro de mí.

- ¿Cómo se te ocurre que tú pagarás? No señorita, disculpa pero yo te traje acá y no dejaré que te hagas cargo de esto.

- No sabes si esta podría ser nuestra última cena, tú siempre has hecho todo por mí. Déjame despedirme de una buena manera.

¿Despedirse? ¿De qué trataba todo esto? ¿Qué intentaba dar a entender con despedirse? Miles de preguntas brotaron en mi cabeza, esa palabra había hecho que mi corazón diera un giro. El miedo que antes había sentido, se estaba apoderando de todo mí ser. En cuestión de un segundo se apoderó de mis sentimientos, de mis pensamientos y de mis emociones. ¿Qué estaba pasando? Mis planes y deseos se venían abajo como un alud. Tenía que hacer algo pronto si quería que esto no terminara en un desastre.

- Necesito que hablemos, ir a otro lugar y así puedas decirme lo que tienes que hablar conmigo y explicarme el porqué las maletas. – le dije sonriente.

- Eso es lo que espero al salir de acá.

Llegó el mesero, ella pagó la cuenta, salimos del restaurante. Ella subió al auto y manejé hasta el lugar en donde nos habíamos hecho novios. Eran unas viejas canchas de basquetbol a escasos 3 kilómetros del pueblo. Manejé despacio luchando contra su rechazo y entablar alguna conversación con ella lo cual fue imposible. Llegando a nuestro destino, me dirigí a ella y así hablar, mi sorpresa, una lagrima corriendo por su mejía.

- ¿Cielo puedes decirme que sucede? – le pregunté con el corazón en la mano. Me destrozaba el alma verla llorar aunque así fuera solo una lágrima. La abrasé y le di un beso en la mejía. Sequé sus lágrimas y le pregunté de nuevo.- Amor, ¿puedes decirme que es lo que está sucediendo? ¿Por qué lloras?

- ¿Por qué este lugar? – dijo entre lágrimas - ¿Por qué al lugar en donde fue nuestro primer beso? ¿Por qué en el lugar que un día me declaraste tu amor?

No entendía que sucedía, o que estaba haciendo mal. Saqué el cofre del anillo de compromiso del bolsillo de mi saco. Y pensé que era el momento indicado.

- Porque quiero que te cases conmigo. Por favor Beatriz, acepta casarte y pasar el resto de nuestras vidas a mi lado.

- Acabemos con esto de una vez por todas. Juan Pablo, lo lamento, pero no puedo seguir a tu lado.

¿Qué? ¿Que eran esas palabras que escuchaba?  Sentí que todo se desmoronaba, que el suelo se estaba hundiendo a mí alrededor.  Vi como lágrimas brotaban de sus ojos y sentí como un mar brotaba de los míos.  Tomé valor para hablarle, pero sentí llorar cuando intenté hacerlo.

-  Lamento que sea de esta manera.  Pero, por favor, compréndeme, no podemos seguir juntos.

Cada una de sus palabras se incrustaba dentro de mi corazón, dentro de mi alma, dentro de mí ser.  Estaba entrando en un infierno que no tenía salida.  Quería morir en ese mismo instante.  Quise tener una daga y suplicarle que la incrustara en mi corazón para que acabara con todo este dolor que dentro de mí estaba causando.

-      Dame una razón por la cual esto se está terminando.  ¿Qué hice para que te alejes de mí?  ¿Por qué te vas? ¿No entiendes que te amo y que te necesito junto a mí para poder vivir?

-      Por favor comprende que lo nuestro no puede seguir.  Lo siento pero es hora de decir adiós

¿Adiós? ¿Hora de decir adiós? ¡Que alguien me despierte de esta pesadilla! Seguía sin entender lo que estaba sucediendo o si era una muy mala broma. Solo quería que este maldito momento terminara de una sola vez.

- ¿Que hice mal? Dime para poder remediarlo si es que tiene remedio. Por favor no me dejes sin ninguna explicación. ¿Acaso no soy lo suficientemente bueno para ti? ¡Dímelo por favor!

- No es por ti ¡Entiéndelo! ¡Es por mí!

- ¿Cómo eres capaz de decidir por los dos?  Si tú dices que es por mi bien, ¿Por qué demonios decides por mí? ¿Por qué no dejas que también elija? ¿Quién diablos te crees para dejarme varado en medio de la nada y sin equipo para sobrevivir? ¡Contéstame carajo!

- Entiende que no podemos seguir, lo siento pero lo nuestro llegó hasta acá.  ¡Adiós!

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