- ¡Es ese tu último deseo?
- No lo sé. Hay muchas cosas que me faltan por hacer.
- Si todavía hay cosas pídelas, así podrás descansar en paz.
Puse mi imaginación a volar, ¿Cuál sería mi último deseo? Habían muchas cosas en mi interior como para pensar solo en una. Mi madre siempre había deseado verme graduado de la universidad y con una familia lo cual nunca fui capaz de darle. Desearía ver su sonrisa de satisfacción el día de mi graduación, sin embargo, aunque supere este obstáculo es algo que no podría cumplir. Quisiera llevar de la mano a orillas de la playa a la mujer que me entregó todo a cambio de nada y en el crepúsculo de rodillas pedirle perdón por haberla dejado aquella tarde de abril. Desearía besar sus labios y con ese beso bajarle la estrella más brillante del universo, meterla en su bolsillo y evitar que me olvidara junto con aquel atardecer que a todo puso un fin. Decirles a mis amigos que si deseaba abandonar todo a cambio de una vida de viajero llena de aventuras, una vida que cambié por una corbata, una chaqueta y una silla detrás de un escritorio. Darle aquel regalo de cumpleaños a mi hermano, regalo que quedó bajo mi cama con una moña verde y la tarjeta que decía “Más que mi hermano, eres parte de mi vida”. Hubiera prestado atención al dibujo que mi sobrino hizo para mí por mi cumpleaños y así evitar que saliera corriendo hasta aquel trágico destino. Dar el chocolate del día del cariño a mí mejor amiga, chocolate que dejé bajo la gaveta prometiendo cada día que se lo daría y ese día nunca llegó. Desearía no tener esta camisa y dársela al mendigo que dormía enfrente de la iglesia. Cambiaria todo por regresar el tiempo y haber ayudado a mi abuela con la cena del día del padre de mi abuelo, esa noche no quise ayudarla por irme de fiesta con mis vecinos. Volvería a enamorarme sin medida y me entregaría completamente a alguien perdiendo el miedo que me ataba a no hacerlo. Regalaría todo con tal de vivir sin nada, total, esta noche lo pierdo todo. Sonreiría a cada persona que se cruzara en mi camino, diría “feliz día” a las personas que fueran con caras largas y le regalaría una sonrisa a todo mundo tratando de contagiar mi alegría. Haría favores, correría todas las tardes, cumpliría mi dieta, dejaría de fumar, iría a la iglesia todos los días, rezaría por mis amigos, por mi familia, por mis compañeros y más que eso rezaría por mi país, escalaría volcanes, tomaría un vuelo que me llevara al lugar más remoto del mundo. Cambiaría todo para volverme nada.
- ¿Has pensado bien tu deseo?
Era mi último deseo, esta misma noche moriría. ¿Había tiempo de algo más? Me temo que no habría tiempo para nada.
- Si, lo tengo – dije convencido de mi respuesta – necesito que acabes con esto. Prepara tu rifle y has lo que tengas que hacer.
- Si es tu deseo, no tengo nada más que hacer.
Preparó su rifle y con ojos de venganza jaló el gatillo y todo hizo “BUM”
- Sr. Rivera, ¿está prestando atención? Toda la clase espera su respuesta
- Si licenciado, perdone creo que tuve un deja Vuh, ¿Cree usted en esas cosas?
- Ese no es el tema Sr. Rivera, deje de soñar porque eso no le dará ningún fruto a su vida, mejor aterrice bájese de esa nube y ponga sus pies en el salón.
- Disculpe licenciado, pero yo pienso que si deja de soñar, deja de crecer.
- Si licenciado, perdone creo que tuve un deja Vuh, ¿Cree usted en esas cosas?
- Ese no es el tema Sr. Rivera, deje de soñar porque eso no le dará ningún fruto a su vida, mejor aterrice bájese de esa nube y ponga sus pies en el salón.
- Disculpe licenciado, pero yo pienso que si deja de soñar, deja de crecer.