La fría y obscura noche



Pienso, me pregunto viendo al cielo
¿Por qué es tan obscura y fría esta noche?
Es solo 25 de diciembre y otra navidad lejos de ti.
Mil recuerdos vagan en mi mente y traen consigo los momentos que a mi lado reías, las noches que mi hombro dormías y que ahora se convierten en esta obscura y amarga soledad.

Te veo en mis sueños, recuerdo tu compañía y tan solo veo que nuestras vidas están consumidas. 
Quisiera retroceder el tiempo y no dejarte ir en aquella navidad, esa navidad en la que dos whiskys cambiaron el rumbo de nuestras frías y consumidas vidas.

Tú me parabas, yo no te quise obedecer.
Te rogué la espera, no pudiste entender.
Dijiste me largo, yo no te pude detener.
Te  pedí que no lo hicieras y no te pudiste contener.

Tomaste las llaves, cerrabas las puertas, estaba contigo y notabas mi ausencia.
Tome tu mano, besé tu mejía, a tu oído llegó mi suave susurro y respondiste amor cuanto te amo.

Te fuiste hacia un lugar donde no te puedo encontrar, mis oraciones sin duda a ti en su momento llegarán porque sé que en los cielos junto a Dios te encontrarás y por mi alma a él cada navidad le pedirás.

Seis años sin ti, seis navidades que me atrapa esta obscura y fría noche en la cual no puedo dormir.  Sentada en la luna se que estás y desde el cielo esta historia pensaras, esta es tu historia, porque tu historia fue conmigo.

Talvez

Talvez es solo un sueño, o talvez es real, talvez sea solo un cuento, que no tiene final. Quizá tuve que haber luchado, quizá tuve que haberlo intentado. Talvez debí ser paciente, talvez tuve que haber ignorado a la gente.
Talvez tengo que vivir, talvez tengo que olvidar.Talvez, talvez, talvez.Entiendo que la maldita palabra "talvez", hizo pedazos mi vida, hizo pedazos mi amor, hizo pedazos mis sueños, hizo pedazos mi ayer. Sin embargo, todo esto me deja una lección, talvez es amor, que es amor?  Amor es más que decir te amo, amor es más que decir te quiero.  Es abrir tus alas y volar es vencer tus miedos y luchar.  Es más que decir yo te quiero amar, es tomar su mano y junto a ella caminar.  Talvez es una ilusión, talvez es una estupidez.  Talvez el amor no existe o talvez yo no lo quiero entender.

Un feliz cumpleaños = un trágico final



Sentado esperando a que llegara media noche.  Platicábamos sobre los planes de nuestras vidas.  Mis mejores amigos, mi novia y yo, a orillas de la piscina brindábamos con vodka por las vísperas de mi cumpleaños.  Eran las 23:30 hrs y solamente estaba a 30 minutos de cumplir 22 años.  
- Esta noche de seguro no la olvidarás –  dijo mi novia al oído – Te prometo que esta noche, tu noche,  sabrás que es el amor.
- No lo dudo – le respondí con voz baja – que este será el mejor cumpleaños.  
Eran exactamente las 00:00 de un 8 noviembre cuando mi mejor amigo se levantó y me empujó a la piscina.
- Bienvenido a los 22 maldito maricón.  Esta será la mejor etapa de tu vida. – dijo entre carcajadas.
Mis demás amigos salieron de la piscina junto a mí para felicitarme.  Me sentía afortunado de tener amigos como ellos.  Mi novia me dio un profundo y apasionado beso y me llevó hasta la sala del hotel.   Atrás la voz de mi mejor amigo diciendo.
- Hey, esperen.  Entiendo que tienen prisa par de pícaros, pero necesito entregarte algo.
- ¿A mí? – le pregunte incrédulamente.
- Ni modo que al guardia.  Miriam puedes adelantarte por favor. – le sugirió a mi novia – hey, tendrás una gran noche lo sé. Jaja siempre pensé que eras un simple maricón.
- No empieces Eduardo o no saldrás vivo de aca – el me sonrió.
- Toma, esto te alcazará toda la noche. – Dijo entregándome un polvo encerrado en un recipiente plástico en forma de un colmillo.  Tenía forma como los colmillos de los vampiros que salen en la televisión.
- ¿Que es eso? ¿Para que me servirá?
- No preguntes tanto, solo inhálalo por la nariz y te juro, por mi madre, que mañana esa zorra te amará por el resto de su vida.
- Estás loco en serio.  Lo haré a mi manera, sabes que yo solo lo puedo hacer.
- Hummm… bueno, quédate con él por si lo llegaras a necesitar.  Vienes protegido verdad.
- Si, no soy tan estúpido en esto.
- Bueno, suerte, y… sabes lo demás.  
- Gracias amigo – dije y el regresó a la piscina.
Me dirigí hasta la habitación en donde me esperaba mi novia.  Me acerqué a la cama y ella me llevó hasta su lado con un simple jalón.  Acaricié todo su cuerpo, seduciéndola para que nuestra noche fuera la mejor.  Desabroché su traje de baño y nuestros cuerpos quedaron completamente desnudos  complementándose uno con otro.  Le besé el cuello y amé cada gemido que ella me entregaba.  Hicimos el amor como los dos amantes que éramos.  Esa noche no estuvo llena de amor, solamente de pasión.  
Eran las 8:00 am y habíamos tenido sexo como dos desquiciados.  Dormimos poco y estábamos exhaustos.  Un ruido y un mal sentimiento hizo levantarme de la cama, mi estomago hacía ruido a causa del hambre. Salí de mi habitación y me dirigí hacia el comedor del hotel.   Vi el menú de desayunos pero nada me llamaba la atención, dentro de mí había deseos de comer algo muy grasoso.   Baje las escaleras del hotel sin ganas de salir.  Por un segundo pasó por mi mente regresarme a la habitación y descansar un poco, había un presentimiento no muy bueno dentro de mí en cuanto a la salida.  Sonó mi celular, era Miriam.
- Si cielo – contesté.
- Me acabo de despertar y me hace falta tenerte a mi lado.  ¿Dónde andas?
- Voy en busca de desayuno. ¿Deseas algo de comer?
- Lo único que deseo es tenerte a mi lado.  Por favor, no tardes.
- Si.  Ya estoy de regreso.  Un beso.
Colgué y seguí mi rumbo sin saber dónde ir.  Salí del hotel y encontré una camioneta con vidrios polarizados a la salida del hotel.  Sin duda alguna era una Discovery Land Rover.
- Como  equivocarme si me encanta ese carro. – exclamé en voz alta.
Caminé sin preocupación alguna.  Saqué mi Ipod para escuchar música.  De pronto un indigente se acercó para pedirme una moneda.  Saqué una de Ç0.50 y se la entregué.  Di dos pasos y me volvió a parar.
- ¿Me vas a regalar nada más esto?
- Es todo lo que tengo – respondí al indigente.
- Maldito agarrado… ¡Dame tu celular!
De su chaqueta sacó un tipo de pistola, sin equivocarme era un 9 mm Luger.  Las conocía porque escuchaba las conversaciones de los guardias de la familia de mi mejor amigo. Mi cuerpo se congeló en ese momento. Nunca había sido víctima de un asalto, tenía miedo, mucho miedo.  Saqué el celular sin pensarlo demasiado. De pronto la Discovery que estaba en la entrada del hotel aceleró hasta donde me encontraba.  Se estacionó frente a mí y mi corazón comenzó a latir más de prisa.   Quise encontrar una esperanza al ver dicho carro, pero el pánico de apoderaba de todo mi ser.  Se bajaron 2 tipos con lentes oscuros, uno me arrojó al piso y el otro me cargo dentro del carro.  El pánico era tanto que no pude gritar.  Uno de mis agresores me puso un trapo mal oliente en la nariz haciendo que todo mi cuerpo no pudiera responder.
Reaccioné y solo sentía una venda oscura tapando mis ojos.  Lo que percibía era  que estaba encerrado en un cuarto frío y mal oliente.  Escuchaba carcajadas y botellas vacías al caer en el suelo.  Escuché a uno de ellos decir.
- Nuestro dinero ha reaccionado.  Jajaja, maldito ignorante.  No sabe lo que le espera.
- Llévale algo de tomar. – dijo el otro tipo -  Recuerda que tiene que poder hablar cuando llamemos a su estúpida familia.
Todo, absolutamente todo, tenía mala pinta.  Mi vida comenzaba a tornarse en una estúpida pesadilla.  ¿Qué costaba haberme quedado en el maldito hotel? ¿Por qué carajos tenía que salir a buscar comida?  Sentía deseos de llorar, de gritar pero, otro trapo mal oliente tapaba mi boca.   Busqué dentro de mí la razón por la cual estaba encerrado en ese cuarto.  No podía hablar, no podía gritar, no podía hacer ni mierda que yo considerara bueno.  Uno de los tipos se acercó a mí y me pegó una bofetada.
- ¿Qué tan imbécil fuiste para caer en un maldito juego? – preguntó uno de mis mal hechores.
- Déjalo. – Exigió el otro – O el jefe no nos dará una buena paga por este inútil.
Mi corazón latía de una manera desconocida para mí.  Era tan triste estar cegado por una maldita venda que no me dejaba ver mi realidad.  Lo único que podía percibir era un asqueroso olor a acetona mezclado con cerveza y cenizas.  No sabía cómo podría terminar  este martirio que llenaba mi cabeza de pensamientos absurdos y deprimentes.  Estaba solo, sin nadie que pudiera rescatarme de ese terrible infierno que pintaba a nunca tener un fin.  Mi corazón estaba desecho, mis sentimientos estaban cargados de ira, llanto  y dolor.  Apenas tenía, no sé, había perdido la noción del tiempo.  No sabía si había estado por horas en ese lugar o peor aún, por días.   Sonó un celular.
- Él paquete se encuentra en buenas condiciones – respondió uno de los tipos - Si desean probarlo antes haremos la llamada… No se preocupe si puede ser probado…  Está bien no demoraremos mucho…
Presentía que se dirigían a mí como un paquete, un paquete por el cual exigirían una paga.  Tenía en mente los momentos por los cuales estaría pasando mi familia, sin saber, si sus momentos eran tan amargos como los míos.  En este infierno maldecía todas mis desgracias.  Maldije el día en cual cumplía 22 años.  Maldecía el momento en el que dejé a mi novia en la cama por ir en busca de comida.  Maldecía mi vida, una vida que con todos los lujos me parecía absurda.  Alguien se acercó a mí y me levantó de un jalón.
- ¡Maldito inútil! Tienes que levantarte.
Me llevó a un lugar más oscuro y húmedo. “¿Que hice para merecer esto?”  Renegaba en mi interior. 
Alguien sacó un teléfono y marcó un número… alguien contestó.
- Tenemos a su hijo, si desea volver a saber de su paradero necesitaremos millón y medio de colones, de lo contrario, olvídese de él.
Mi corazón dio vueltas al escuchar esas palabras.  Salieron lágrimas de mis ojos, lágrimas que se consumían en la venda que me cegaba.  Pasaron 2 horas o más desde la primera llamada, cuando escuche el timbre de un celular.
- Alo – contesto uno de los tipos - ¿usted cree que sea hora de dar el lugar para la entrega? – preguntó – De acuerdo, daré instrucciones ahora mismo.
El tipo volvió a marcar un número y al contestarle dijo:
- Dejarán el dinero en un basurero de la avenida Balboa.  El basurero está a 200 mts del puente de la libertad.  Su hijo aparecerá por la parte de atrás de los suburbios de Calidonia.  Por ningún motivo se les ocurra llamar a la policía.  A fuera de su casa los esperará un tipo en moto que los escoltará hasta el lugar de entrega.  Si hay algún movimiento policiaco. ¡Su hijo muere!  No juegue con su vida – el tipo que hablaba parecía nervioso – Su hijo esta bien si eso desea saber. ¡Musaraña! – dijo dirigiéndose al otro tipo -  Quítale la mordaza y déjalo hablar.

El otro tipo se acercó a mí, me quitó la venda y me propino una bofetada para reaccionar.  Llevaron el teléfono hasta mi oído y escuché la voz de mi madre quien lloraba.  Volvieron a brotar lágrimas de mis ojos y al mismo tiempo se hizo un  nudo en mi garganta.  Di un profundo respiro y tomé valor para hablarle sin saber que esa podría ser la última vez que escuchara su voz.

- Madre, estoy bien – dije y me sorprendió de que mi voz no se entrecortara.
- Hijo, hicimos todo lo posible para que estés de vuelta con nosotros.  Tu padre saldrá a hacer la entrega.  Por favor, no olvides que te amo.
- No se preocupen por mí, mi vida no vale la satisfacción de unos malditos criminales.
- ¡Cállate hijo de puta! – dijo uno de los tipos propinándome esta vez un puñetazo.  Por el teléfono solo escuche un grito el cual no logré definir de que trataba.
- Tienen 30 minutos para hacer la entrega, de lo contrario – el tipo calló por unos segundos – no volverá a ver el cuerpo de su hijo.
Supe que habían terminado la llamada por el sonido de las teclas del celular.  Me regresaron al lugar en donde en un principio me encontraba, o por lo menos eso pensaba.  Pasaron los minutos de los cuales cada segundo parecía una eternidad.  Alguna vez escuché a alguien decir que los minutos antes de morir son los más largos de toda la vida, pero no sabía si ese era mi caso.  Los segundos transcurrían y mi esperanza de salir de todo este infierno cada vez se hacía más pequeña.   Escuchaba voces fuera del lugar en donde estaba.  Llegué a reconocer una de ellas.  Agradecí a los cielos porque esta vez no hayan dejado la venda en mi boca.  La voz era irreconocible. 
- ¡EDUARDO! – grité.  Mi corazón latía con fuerza y mis esperanzas renacían de nuevo.  Lloré, pero esta vez era de felicidad - ¡EDUARDO! – volví a gritar.
- ¡Maldito hijo de puta! ¡Me ha reconocido!  NO PUEDE VIVIR!!!
¡¿QUE?!
¿Eduardo?  No puede ser, no puede ser el uno de estas basuras.  Lloré como imbécil  a causa de la traición.  Era mi mejor amigo, no tenía razones para hacerme esto.  De pronto escuche pasos acelerados hasta donde me encontraba.  Escuché como cargaban una pistola.  Al oído me dijeron:
- Toda mi vida te odié.  Siempre fuiste mejor que yo en todo.  Hasta acá llegó tu miserable vida. Adiós Mejor amigo.
Escuché una explosión y sentí como una bala traspasaba mi cráneo.  Mi vida pasó en un instante ante mis ojos.  Todo se había terminado.

40 años después.

- Así  es como la envidia termina en traición.  Le pasó al amigo de un amigo.  La historia fue real niños, así que aprendan la lección.
- Fue una historia excelente abuelo
- Bueno, yo me tengo que ir se está entrando la tarde y a mis 62 años ya es difícil mantenerse despierto.  Cuídense niños los veré otro día.
El anciano salió de la casa en la que se encontraba.  Afuera, su chofer lo esperaba en su auto.  Lo abordó, su chofer dirigiéndose a él le pregunta.
- ¿A dónde lo llevo?
- Vamos a casa, me siento cansado.
- Como usted mande Don Eduardo.

Duele



Duele, duele dentro.
Siento que la sangre quema mis venas.
Que mis pulmones no tienen oxígeno.
Que mi corazón ya no quiere latir.

Duele, duele el susurro.
Siento que el viento atropella mi cuerpo.
Que el sonido es solo un ruido que ensordecen mis oídos.
Que mi voz no desea salir para esconderse en el fondo de mi ser.

Duele, duele amar.
Ya no siento sentir.
Mis manos no te pueden tocar.
Mis pies no me pueden llevar hasta ti.

Duele, duele el viento.
Siento que no existe aire dentro de mí.
Que mi nariz se cierra ante él.
Que mi ser es un vacío que no tiene fin.

Duele, duele verte.
Mis ojos no paran de llorar.
Mi soledad no deja de extrañarte.
Tu recuerdo en mi mente no para de rodar.

Duele, duele extrañarte.
Mi voz a gritos te llamará.
Mi ser sabe que no vendrás.
Mis pensamientos nunca te olvidarán.

Este día no dejará de llover.
Porque duele estar sin ti.
Porque…
Duele, simplemente duele.

...

No tengo nada que escribir esta noche,
Solamente quiero llegar a mi cama y dormir
Soñar con mi felicidad,
Verte en mis sueños,
En el único lugar en el que te podré abrazar.

Te vi radiante como el sol,
Llegaste a mi lado a acurrucarte sobre mi hombro,
Mi corazón latió de prisa,
Mi mejía se sonrojo,
Te día un beso bajo la cornisa,
Sin pensarlo te robé una sonrisa,
Quise detener a mi corazón.

Fue tan tuya como mía,
Era nuestra como el momento.
Te acercas hasta mis labios para besarlos,
Darme ese beso que a ti me atara,
La caricia que calara hasta mis huesos.

Mi corazón latía cada vez más fuerte,
Te tenía tan cerca como nunca antes.
Tome tu mano para volar y largarnos,
Tú te quedaste parada bajo mis alas

Lloré en mi cama por el sueño,
No sabría si pudiera hacerse realidad.
Le ruego a los cielos porque llegue nuestro momento
Un momento que no cumplirá jamás.

Infidelidad: 3 La cita



Sonó la alarma a las 5 de la mañana y sin darle un beso de buenos días me levanté de la cama.  No le dirigí palabra alguna hasta que salí. Cerrando la puerta me detuvo y dijo.
- Vendrás temprano hoy? Necesito que hablemos sobre lo que pasó ayer.
- Sí, haré todo lo posible por estar aquí.
Sin ninguna palabra más me dirigí a la estación del metro. Esperé a que llegara, mientras repasaba lo sucedido el día anterior.  Solo lograba recordar lo mal que me lo había pasado con Sophia, sentía un dolor muy grande en mi corazón.  No estaba bien pasarla mal por mis estupideces, hacer que nuestra relación se tornara difícil solo porque había tenido un mal día.  El metro llegó, lo abordé, y, para mi fortuna, un espacio vacío.  Me dirigí hasta él y saqué mi libro, apenas y había logrado leer una página el día anterior. Lo abrí y me situé donde había dejado mi lectura.  Sin ánimos de seguir leyendo lo cerré para guardarlo, cuando de él cae una tarjeta.  Me incliné para recogerla, para mi sorpresa era una tarjeta de presentación que decía: "Rosana Smith".  Mi corazón dio un respiro, me sentí como un adolescente con una nueva ilusión.  Recordaba perfectamente quien era ella aunque no la haya visto mucho, no podía olvidar su cara.  El metro paró en la estación en la cual ella lo había abordado el día anterior, ella no subió. Esperé llegar hasta mi trabajo para llamarle.  Tomé nervioso mi celular, vi el número y con mis dedos temblorosos lo marqué.
- Aló.
- Hablo con Rosana?
- Si, con quien tengo el gusto?
- Hola, platicamos ayer en el metro y vi tu tarjeta dentro de mi libro.- tomé un respiro para proseguir - Y quiero saber si puedes tomar un café conmigo después del trabajo.
Se hizo un silencio sepulcral.  Me sentí el idiota más grande del mundo por ser tan atrevido, sin embargo, esa sensación me encantó.
- Hay un café en la esquina de la avenida Europea, entre la torre de Van Gogh y la ermita de San Damián. Te espero allí a las 5.  Hasta entonces.
Mi corazón latía cada vez más fuerte, era una sensación que me gustaba o más que eso, me encantaba.  Mi día empezaba de nuevo a tener una nueva luz.  Comencé a dar mi clase sin ningún problema, logré que los niños me hicieran un ensayo del tema que habíamos visto en el día.  Pasaba cada minuto del día impaciente por que llegara la hora de estar en la cafetería con ella, conversar, pasar el tiempo a su lado.  Todo eso se convertía en una odisea para mí.  Mi día en el colegio terminó y aún tenía 2 horas para reunirme con ella.  Llegué al centro de la ciudad y fui a la librería por un libro nuevo, ya me quedaba muy poco del libro que leía.  Me llamó la atención un libro de un escritor Brasileño desconocido para mí.  Llegué a la caja y pagué por el $15.00, era una oferta para los libros que acostumbraba a comprar.  Con 20 minutos aún por disfrutar me dirigí hasta la avenida Europea para encontrarme con ella en la cafetería que me había indicado en nuestra conversación por teléfono.
- Uf, que gran conversación - me dije en un tono sarcástico.
Entré a la cafetería y para mi sorpresa ella ya se encontraba allí, sentada en una mesa de la esquina izquierda.  Mi corazón dio un brinco dentro de mí.  Mis piernas me temblaban y mi boca estaba seca a causa del nerviosismo que dentro de mí esa mujer causaba.
- Hola - saludé "Que saludo tan estúpido" pensé para mí - Lamento la demora.
- No te preocupes, aún no son las 5 - Me respondió con una amplia y hermosa sonrisa - ¿Como estuvo tu día? - preguntó ella.
- Muy bueno y mucho mejor que otros - Respondí nervioso.
Y así empezó nuestra conversación.  Ella pidió un café con leche y unas galletas, mientras que yo solamente pedí un chocolate.  Hablamos esta vez de trabajo, historias y viviendas con los niños, nada interesante para alguien que no sabe sobre el tema.  Aprovechaba de vez en cuando para hacer algunas bromas y hacerla sonreír.  Estaba enamorándome de su sonrisa. Así pasaron 2 horas junto a ella, 2 horas que para mí solo habían sido instantes. Sin poder detener el tiempo nos entró la noche.
- Me la he pasado muy bien a tu lado.  Me gustaría que esto se repitiese con más frecuencia - dijo ella.
Mi corazón latía fuertemente, en ese instante no quería nada más que disfrutar ese momento.  Era un momento que no sabría si volvería a repetirse.
- Gracias, créeme que tu compañía me ha hecho sentir muy bien.  Creo que deberían de haber más personas como tú en este mundo.
Ella sonrió a mi comentario.
- Espero poder verte en otra ocasión -  dijo ella - ten cuidado.  Feliz noche.
- Adiós.
Caminé hasta la estación del metro cuando sentí que había olvidado algo.  Sin prestarle atención bajé las escaleras para poder abordar el metro.  Subí en él y me dirigí hasta mi casa.  Eran las 8 de la noche cuando entré en ella.  Cruzando la puerta baje de la nube en la que me había subido. "Sophia me había pedido venir temprano para platicar conmigo". Me dirigí a la sala y la encontré en el sofá esperando.
- Hola -  Saludé.  Me dirigí hacia ella para darle un beso pero mi respuesta fue un beso frio.
- ¿Que tal tu día? - pregunté
- ¡Supongo que después de esperar sentada más de tres horas en el mismo lugar, pues me imagino que de lo más relajante! – dijo ella con ironía.
- Hey pero no te pongas así, pudiste haberme llamado - le respondí luego de su acusación.
- Tu obligación era estar acá en el tiempo estipulado.  ¿Puedo saber donde carajos te has metido durante toda la tarde? - Su tono de voz no era normal, reflejaba una ira muy grande.
- Solo fui de compras.  No veo nada malo ir de compras luego de mi trabajo.
- Ah pero que día tan bonito escogiste para ir de compras.  Tenías una obligación con tu esposa y la cambiaste por una tarde de compras. - Sus palabras me dolieron, aunque sabía perfectamente que tenían toda la razón.  Le estaba fallando a mi esposa.
- Lo lamento, iré a descansar.  Feliz noche - dije desconsolado.
- A dónde demonios crees que vas.  Aún no hemos terminado - seguí subiendo las escaleras sin voltear a ver.
Llegando a nuestro dormitorio me tiré a la cama desconsolado.  Ella abrío dando un portazo.
- Gracias por dejarme hablando sola - dijo entre lágrimas - ¿Que está pasando?
 ¿Porque tienes ese comportamiento? ¿Porque te cierras conmigo?

Sentidos



Escucho la conversación de mis sentidos, y charlan sobre la necesidad de ella.  Entiendo sin saberlo de que la necesito. oh Dios solo tu sabes que la necesito.  Mis ojos piden verla, ver sus mensajes, ver que a mi lado está, pero mi soledad le dice que lejos de mi se encuentra y que en mejor lugar se encontrará.  Mis oidos necesitan escucharla, piden su vos como el susurro del viento de noviembre.  Me dicen que la llame, quieren oirla por una última vez.  Les explico que no quiere charlar y que su voz a mejores oídos llegará.  Mis manos me dicen que busque su cuerpo, que la abrase.  Que quieren sentir su cuerpo una última vez.  Mi desconsuelo les dice que se amarren, que no la volveran a sentir.  Que a otros brazos llegará, brazos que un mejor calor le dará.  Mi nariz busca entre los perfumes del jardín su fragancia, sin tener exito me pregunta en donde está.  Le explico que su olor pronto desaparecerá, el sin entenderlo lo persigue por el jardín, lo confunde con la más hermosa flor y araña su sentido.  Mi nariz llora por no encontrarla, me recrimina por no buscarla.  Trato de consolarla, pero ella lo único que quiere es encontrarla.  Mi boca la llama, grita su nombre por toda la casa.  Le grita por el jardín, por el bosque, por la ciudad.  Con voz desagarrada sigue buscando, se ha quedado muda por gritarle.  Me dice que quiere besar su mejía por última vez, solo tengo el valor para decirle que eso no se va a poder.  Me siento solo sin mis sentidos.  Vacio sin ellos.  Dentro de mí solo permanece uno, el que prometió nunca dejarme, el que sigue latiendo dentro de mí.  Mi último sentido me alienta, me da valor, me ayuda a recuperar lo que un día dentro de mi se perdió.  Me levanto de donde estoy, tomando el valor que mi ultimo sentido en mi dejó.  Doy un paso, otro, y todo dentro de mi desapareció.  Busco nuevamente pero entiendo que mi corazón murió.  Tomo nuevamente el valor que dentro de mí dejó, tomo mi guitarra y mi bolso a buscar a quien mi corazón amó tanto que hasta su vida por ella dió.

Mi puente



¿Quien eres puente?
Que me llaman tus orillas para sentarme a contemplar mi sufrir.
Que me invitan tus aceras ha explicarles la razón de mi depresión.
Déjame contarte mi sufrimiento y prometo que esta vez será la última que sabrás de mí existir.

Gracias puente por todas las noches en las que permites sentarme a tus orillas a luchar por mi dolor. 
Eres mi única compañía en mis noches de pena. 
Eres quien entiende mi dolor sin decir una palabra, mi único compañero en las noches de frío, mi fiel aliado en mis días de alegría. 

Oh puente, eres el único que está en el mismo lugar esperando por mí, el único que no se cansa de escuchar mis penas, mis plegarías, mis alegrías. 
Te prometo puente que esta es la última noche que me tendrás aquí, renegando de mi vida que se encierra en un callejón sin fin, donde el amor no existe, donde el hogar es una guerra, donde el presente es incierto y más incierto el futuro que lo espera.

Puente, mi puente, puente de todos.
Déjame encender un cigarrillo más, deja que mi vida se largue con él.
No me detengas, no me abrases.

Llévate mi dolor, llévate mi sufrir, llévate todo lo que hace que este día mi vida tenga un fin.
Guarda contigo mis mejores días, los días que felizmente pasé con el mundo, con mi mundo, con tu  mundo. 

Un cigarrillo más, no me detengas si lo que quiero es fumar. 
Deja que mi angustia se disuelva por el viento como su  maldito humo, porque sabes que esa es la seña de mi dolor, del dolor que su partida me dejó. 

Y así se acaba nuestra última noche, donde 16 cigarros no apagaron mi dolor. 
Esta es nuestro último encuentro, nuestra última noche, nuestro último adiós... mi puente.


Sin inicio ni fin...


Llegaste como nómada a mi vida para situarte en mis pensamientos. 
Hablé con mi psiquiatra para encontrar una razón por la cual de mis sueños no te puedo sacar. 
Él me dice que todo está bien que allí te quedarás, porque ese lugar nunca nadie te lo podrá quitar.  Comprendo que conmigo ya no quieres estar, fue una decisión que mis estupideces te hicieron tomar. 
Eres el ángel que Dios mando a mi vida. 
Eres la luz que a mi vida pedí a los cielos, quien llegó, quien ser marchó, quien deje ir.
Mis amigos, artos de mis sentimientos dicen que te olvide, que ya es suficiente, que lo tengo que aceptar, pero, por más que lo intento de mi mente no te puedo sacar. 
Y así pasan mis días sin inicio ni fin. Sin mensajes, sin llamadas. 
Sin una señal que me digan que cerca de mi estás y a mi lado tu regresarás.

Infidelidad: 2 El pasado


No entendía la razón por la cual mi humor no estaba lo suficientemente bien como para hablar con ella.  ¡Cielos! ¡Era mi esposa a quién yo estaba evitando!  Recuerdo que la única vez q la evite fue cuando sospechaba que ella salía con mi mejor amigo, que de hecho, así era. Mi mente divagaba en todos esos recuerdos que me hacían daño.  Sentí por un momento que la odiaba por todo aquel sufrimiento que en mí había  causado, pero, entendí que solo era parte de mi imaginación y de los estragos que en ese pasado ella había hecho en mí.  Busque algo de ropa interior para darme un baño y así tratar de sacar todos esos recuerdos absurdos que en mi mente había.  Entré a la regadera y encendí el grifo, sentí que el agua caliente corría por mi cuerpo relajándolo, y, deje que mi mente y mis pensamientos se dejaran llevar por esa sensación.  Salí de mi ducha directo a la cama.  Dormí durante 30 minutos los cuales parecieron horas.  Desperté con la esperanza  que aquella mujer y los oscuros recuerdos del pasado con mi esposa desaparecieran.  Sin embargo… aún seguían.  Tomé la siesta como quién se toma una botella de whisky para olvidar sus problemas, había logrado olvidar mi realidad mientras dormía, sin embargo, al despertar seguía parado en el mismo lugar.  Mi esposa llego a la habitación con una bandeja, y, en ella una taza de chocolate caliente y galletas al lado de la taza.
-  Lograste descansar? - pregunto ella.
-  La verdad es que pase teniendo pesadillas mientras dormía - ella no preguntó que clase de pesadillas, lo cual agradecí.
-  Espero que te guste el chocolate - dijo.  El silencio se apoderó de nuestro ambiente en la habitación.  Lo rompí preguntando.
- Alguna vez has pensado en lo importante que puede ser el pasado?
- Yo solo dejo que el pasado quede en donde pertenece, en el pasado.
- Eso es fácil para alguien a quien no le han partido el alma!
Dejé que el enojo de mis recuerdos se apoderara de mí, y, en un instante no pensé lo que decía. Sin querer logré herirla.  Me dirigí a ella para abrazarla y le dije muy suavemente al oído.
- Lo siento amor no razoné lo que dije, todo esto ha sido una equivocación.
Ella sabía perfectamente de lo que estaba hablando.  Me sentí como una basura, o talvez peor. No podía creer el daño que le estaba causando a la mujer que amaba.  Mis pensamientos revoloteaban dentro de mi cabeza y por un instante,  pasó por mi mente el viaje al Monte Pilatus, en Lucerna, en donde en la fuente que todos se juran amor eterno nos prometimos olvidar todo nuestro pasado y volver a empezar.  Así había sido durante 5 años, hasta ahora.
- Te desconozco.- dijo con la voz entrecorta - aunque tu accionar alguna razón tendrá.
Ella salió de la habitación para dejarme solo en ella.  Durante 5 años de matrimonio, nunca lo había hecho.  Me aterraba imaginar que era lo que pensaba, ni si quiera yo sabía que era lo que verdaderamente hacia que mis acciones fueran estas.  Ella salió hacia casa de su madre.  Esperé durante 10 minutos dejando que llegara a su destino y le contara todo lo que entre nosotros pasaba.  Su madre sabía más de nuestra relación que yo mismo y eso me incomodaba.  Tomé el libro y me dirigí hacia la plazuela Villatoro, lugar que frecuentaba a leer todas las tardes.

- Bah!!! - me dije a mi mismo al ver a las parejas de adolescentes de la mano - cuando estén casados ya veremos si caminan igual. 
Me senté en una banca cerca de la entrada de una guardería.  Tomé mi libro para intentar leer pero no fui capaz de abrirlo, la serie de sentimientos que tenía dentro de mí no me dejaban concentrarme e intentar leer en ese momento.  Encendí un cigarrillo y disfrute fumármelo, revisé la cajetilla y me di cuenta que solo me quedaba uno.  Salí del parque hacia el market más cercano para comprar una cajetilla, mi maldito vicio no me dejaba leer sin fumar.  Regresé al parque, a la misma banca.  Aburrido de tener la misma rutina durante todas las tardes, fui de regreso a mi casa,  a mi pequeño fiero, frustrado por no poder aclarar mi mente.
Llegué a mi casa, tomé el control remoto y encendí la televisión.  Para mi sorpresa, nada interesante que ver.  Me detuve en  el canal de deportes en el cual había un programa sobre críticas de la jornada de fútbol del domingo y al terminar empezaría Monday Night Football en el cual el partido del día prometería dar de que hablar.  Se estaba jugando el campeonato de la conferencia Este entre los Vaqueros de Dallas y los Gigantes de New York.  Me dirigí hacia la cocina a tomar una cerveza y algunas papalinas para estar más cómodo durante el partido.  Llegando a la refrigeradora veo una nota, era de mi esposa. 
"Regresé a casa para tomar algunas cosas, por favor no me esperes a cenar.
Un abrazo."
-¡Qué demonios piensa! - dije en voz baja - Ahora se le olvida que tiene esposo.
- Lo siento amor mío, que descanses
Lo último que quería era que me hablara.  Por un instante pensé en abrir los ojos y decirle que no quería dormir al lado suyo, que se alejara, que se marchara.  Que fuera capaz de borrar todo el dolor que su pasado oscuro había causado en nosotros así como había sido tan egoísta para crearlo.  La rabia y el dolor que sentía en ese instante hicieron que brotaran lágrimas de mis ojos.  Todo el amor que sentía por ella estaba empezando a esfumarse.

Atado


Estas manos que me callan y no me dejan gritarle lo que siento.
Estos ojos que se cierran y no me dejan ver mi realidad.
Esos oidos que se ensordecen y no me dejan escuchar su melodía.
Este corazón que se muere al conocer su soledad.

Infidelidad: 1 El recuerdo




Perdido...




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