¡Que noche!
Pensé para mi cuando desperté al lado de esa magnífica mujer. En mi mente solo pasaba la idea de como había llegado hasta ese lugar. No recuerdo muy bien como la conocí y en ese momento no me importaba. Miré el reloj - las 11 am - vi adormitado y con resaca de la noche anterior. Sentí aquellas enormes manos acariciando mi pierna izquierda, sentí como recorrían cada vez más intensas como buscando algo entre ella.
Esto no puede ser verdad! - sentí que algo andaba mal, volví a la realidad.
Mi esposa me matará! pensé de repente, aquella noche no había dormido en casa y no había dejado ningún mensaje que no llegaría “soy hombre muerto pensé “ . Vinieron muchos recuerdos de mi pasado, y allí empezaba de nuevo ese sentimiento al que todos le llamamos remordimiento.
El primer recuerdo, fue una mañana de lunes “el día que la conocí” yo iba a la escuela a dar clases de historia. Iba leyendo mi libro favorito "Se que no volverá" de una autor argentino muy reconocido a nivel hispanoamericano. Iba fuera de tiempo (como de costumbre) ella abordó el metro.
- Por favor siéntese - le dije cortésmente.
- Gracias es usted muy amable - me respondió - necesita que le ayude? – preguntó con una linda sonrisa.
- Si gracias.
- A donde se dirige? - preguntó como quien quiere entablar una conversación.
- A mi trabajo, doy clases de historia en una escuela en las afueras de la ciudad, pero ya voy retrasado. Y usted?
- Pues vamos al mismo lugar – sonrió - trabajo en una organización que vela por los niños de la calle en el centro de la ciudad. La verdad no acostumbro andar en metro pero mi auto se ha quedado sin combustible y con la crisis económica hay que ahorrar un poco. No se sabe si el día de mañana se tendrá para comer.
- Tiene usted toda la razón.
Así fue creciendo nuestra plática, hablamos de todo un poco, y, para ser sinceros, hablamos de política, religión hasta un poco de deportes, dentro de la ciudad se estaban jugando las eliminatorias para un torneo muy importante de tenis. Ella bajo como lo había predicho y solamente observé como desaparecía subiendo las gradas de las estación.
Llegué a mi trabajo, marque mi tarjeta y como era de costumbre 10 minutos fuera de hora, a como estaba mi estado de ánimo no me importó lo que me pudieran decir, total solo podía ser una llamada la atención. La verdad pensaba que no podrían despedirme, era el mejor historiador de la ciudad, y no era por llenarme de halagos, pero daba por seguro que no encontraría alguien como yo en décadas. Aunque si me despidieran podría conseguir un espacio para crear un reportaje en el periódico de mayor circulación dentro de la ciudad.
- Hola niños - dije a mi clase.
- Buenos días profesor - respondieron ellos en unísono.
- Hoy tendremos una clase muy interesante, les contaré como fue que desapareció el imperio de Atlantis, alguien ha escuchado mencionar sobre esa ciudad antes?
Para mi suerte nadie levantó la mano y eso haría más fácil mi clase, de no saber o confundirme en algo se haría mucho más fácil mentirles, crearles un mundo que nunca existió. Mi clase (a pesar de ser historia) era una de las favoritas de los niños, ya que mi método era contarles la historia como un cuento de hadas en el que podría haber magia, suspenso y si estaba de humor hasta princesas y brujas.
Mi día en la escuela terminó “por fin” pensé para mi . Abordé el metro en la estación y para mi sorpresa iba vacio. Saque mi libro para seguir con la lectura, pero no lo abrí. Llegué a mi casa, colgué mi saco en la entrada y saludé a mi esposa con un beso.
- Como te fue? - preguntó ella a lo cual le contesté solamente con un gesto. No tenía una mala esposa, la verdad es que era una mujer que no merecía. Recuerdo que cuando la conocí jamás imaginé que pudiera fijarse en mí y mucho menos que llegaría a ser mi esposa, ella era demasiado buena para ser cierto.
- Iré a descansar un rato.
- Te encuentras bien? - preguntó - nunca duermes en las tardes.
- Si estoy bien amor, no te preocupes, solo que ha sido un día muy cansado para mí, los niños no dejaron de hacer relajo durante todo el día y eso me tiene de mal humor.
- Esta bien, no te molestaré durante la tarde. ¡Que descanses!
1 comentarios:
madre ps.. ya quiero leer la segunda parte... esta interesante... apurate a escribirla si...
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