...

No tengo nada que escribir esta noche,
Solamente quiero llegar a mi cama y dormir
Soñar con mi felicidad,
Verte en mis sueños,
En el único lugar en el que te podré abrazar.

Te vi radiante como el sol,
Llegaste a mi lado a acurrucarte sobre mi hombro,
Mi corazón latió de prisa,
Mi mejía se sonrojo,
Te día un beso bajo la cornisa,
Sin pensarlo te robé una sonrisa,
Quise detener a mi corazón.

Fue tan tuya como mía,
Era nuestra como el momento.
Te acercas hasta mis labios para besarlos,
Darme ese beso que a ti me atara,
La caricia que calara hasta mis huesos.

Mi corazón latía cada vez más fuerte,
Te tenía tan cerca como nunca antes.
Tome tu mano para volar y largarnos,
Tú te quedaste parada bajo mis alas

Lloré en mi cama por el sueño,
No sabría si pudiera hacerse realidad.
Le ruego a los cielos porque llegue nuestro momento
Un momento que no cumplirá jamás.

Infidelidad: 3 La cita



Sonó la alarma a las 5 de la mañana y sin darle un beso de buenos días me levanté de la cama.  No le dirigí palabra alguna hasta que salí. Cerrando la puerta me detuvo y dijo.
- Vendrás temprano hoy? Necesito que hablemos sobre lo que pasó ayer.
- Sí, haré todo lo posible por estar aquí.
Sin ninguna palabra más me dirigí a la estación del metro. Esperé a que llegara, mientras repasaba lo sucedido el día anterior.  Solo lograba recordar lo mal que me lo había pasado con Sophia, sentía un dolor muy grande en mi corazón.  No estaba bien pasarla mal por mis estupideces, hacer que nuestra relación se tornara difícil solo porque había tenido un mal día.  El metro llegó, lo abordé, y, para mi fortuna, un espacio vacío.  Me dirigí hasta él y saqué mi libro, apenas y había logrado leer una página el día anterior. Lo abrí y me situé donde había dejado mi lectura.  Sin ánimos de seguir leyendo lo cerré para guardarlo, cuando de él cae una tarjeta.  Me incliné para recogerla, para mi sorpresa era una tarjeta de presentación que decía: "Rosana Smith".  Mi corazón dio un respiro, me sentí como un adolescente con una nueva ilusión.  Recordaba perfectamente quien era ella aunque no la haya visto mucho, no podía olvidar su cara.  El metro paró en la estación en la cual ella lo había abordado el día anterior, ella no subió. Esperé llegar hasta mi trabajo para llamarle.  Tomé nervioso mi celular, vi el número y con mis dedos temblorosos lo marqué.
- Aló.
- Hablo con Rosana?
- Si, con quien tengo el gusto?
- Hola, platicamos ayer en el metro y vi tu tarjeta dentro de mi libro.- tomé un respiro para proseguir - Y quiero saber si puedes tomar un café conmigo después del trabajo.
Se hizo un silencio sepulcral.  Me sentí el idiota más grande del mundo por ser tan atrevido, sin embargo, esa sensación me encantó.
- Hay un café en la esquina de la avenida Europea, entre la torre de Van Gogh y la ermita de San Damián. Te espero allí a las 5.  Hasta entonces.
Mi corazón latía cada vez más fuerte, era una sensación que me gustaba o más que eso, me encantaba.  Mi día empezaba de nuevo a tener una nueva luz.  Comencé a dar mi clase sin ningún problema, logré que los niños me hicieran un ensayo del tema que habíamos visto en el día.  Pasaba cada minuto del día impaciente por que llegara la hora de estar en la cafetería con ella, conversar, pasar el tiempo a su lado.  Todo eso se convertía en una odisea para mí.  Mi día en el colegio terminó y aún tenía 2 horas para reunirme con ella.  Llegué al centro de la ciudad y fui a la librería por un libro nuevo, ya me quedaba muy poco del libro que leía.  Me llamó la atención un libro de un escritor Brasileño desconocido para mí.  Llegué a la caja y pagué por el $15.00, era una oferta para los libros que acostumbraba a comprar.  Con 20 minutos aún por disfrutar me dirigí hasta la avenida Europea para encontrarme con ella en la cafetería que me había indicado en nuestra conversación por teléfono.
- Uf, que gran conversación - me dije en un tono sarcástico.
Entré a la cafetería y para mi sorpresa ella ya se encontraba allí, sentada en una mesa de la esquina izquierda.  Mi corazón dio un brinco dentro de mí.  Mis piernas me temblaban y mi boca estaba seca a causa del nerviosismo que dentro de mí esa mujer causaba.
- Hola - saludé "Que saludo tan estúpido" pensé para mí - Lamento la demora.
- No te preocupes, aún no son las 5 - Me respondió con una amplia y hermosa sonrisa - ¿Como estuvo tu día? - preguntó ella.
- Muy bueno y mucho mejor que otros - Respondí nervioso.
Y así empezó nuestra conversación.  Ella pidió un café con leche y unas galletas, mientras que yo solamente pedí un chocolate.  Hablamos esta vez de trabajo, historias y viviendas con los niños, nada interesante para alguien que no sabe sobre el tema.  Aprovechaba de vez en cuando para hacer algunas bromas y hacerla sonreír.  Estaba enamorándome de su sonrisa. Así pasaron 2 horas junto a ella, 2 horas que para mí solo habían sido instantes. Sin poder detener el tiempo nos entró la noche.
- Me la he pasado muy bien a tu lado.  Me gustaría que esto se repitiese con más frecuencia - dijo ella.
Mi corazón latía fuertemente, en ese instante no quería nada más que disfrutar ese momento.  Era un momento que no sabría si volvería a repetirse.
- Gracias, créeme que tu compañía me ha hecho sentir muy bien.  Creo que deberían de haber más personas como tú en este mundo.
Ella sonrió a mi comentario.
- Espero poder verte en otra ocasión -  dijo ella - ten cuidado.  Feliz noche.
- Adiós.
Caminé hasta la estación del metro cuando sentí que había olvidado algo.  Sin prestarle atención bajé las escaleras para poder abordar el metro.  Subí en él y me dirigí hasta mi casa.  Eran las 8 de la noche cuando entré en ella.  Cruzando la puerta baje de la nube en la que me había subido. "Sophia me había pedido venir temprano para platicar conmigo". Me dirigí a la sala y la encontré en el sofá esperando.
- Hola -  Saludé.  Me dirigí hacia ella para darle un beso pero mi respuesta fue un beso frio.
- ¿Que tal tu día? - pregunté
- ¡Supongo que después de esperar sentada más de tres horas en el mismo lugar, pues me imagino que de lo más relajante! – dijo ella con ironía.
- Hey pero no te pongas así, pudiste haberme llamado - le respondí luego de su acusación.
- Tu obligación era estar acá en el tiempo estipulado.  ¿Puedo saber donde carajos te has metido durante toda la tarde? - Su tono de voz no era normal, reflejaba una ira muy grande.
- Solo fui de compras.  No veo nada malo ir de compras luego de mi trabajo.
- Ah pero que día tan bonito escogiste para ir de compras.  Tenías una obligación con tu esposa y la cambiaste por una tarde de compras. - Sus palabras me dolieron, aunque sabía perfectamente que tenían toda la razón.  Le estaba fallando a mi esposa.
- Lo lamento, iré a descansar.  Feliz noche - dije desconsolado.
- A dónde demonios crees que vas.  Aún no hemos terminado - seguí subiendo las escaleras sin voltear a ver.
Llegando a nuestro dormitorio me tiré a la cama desconsolado.  Ella abrío dando un portazo.
- Gracias por dejarme hablando sola - dijo entre lágrimas - ¿Que está pasando?
 ¿Porque tienes ese comportamiento? ¿Porque te cierras conmigo?

Sentidos



Escucho la conversación de mis sentidos, y charlan sobre la necesidad de ella.  Entiendo sin saberlo de que la necesito. oh Dios solo tu sabes que la necesito.  Mis ojos piden verla, ver sus mensajes, ver que a mi lado está, pero mi soledad le dice que lejos de mi se encuentra y que en mejor lugar se encontrará.  Mis oidos necesitan escucharla, piden su vos como el susurro del viento de noviembre.  Me dicen que la llame, quieren oirla por una última vez.  Les explico que no quiere charlar y que su voz a mejores oídos llegará.  Mis manos me dicen que busque su cuerpo, que la abrase.  Que quieren sentir su cuerpo una última vez.  Mi desconsuelo les dice que se amarren, que no la volveran a sentir.  Que a otros brazos llegará, brazos que un mejor calor le dará.  Mi nariz busca entre los perfumes del jardín su fragancia, sin tener exito me pregunta en donde está.  Le explico que su olor pronto desaparecerá, el sin entenderlo lo persigue por el jardín, lo confunde con la más hermosa flor y araña su sentido.  Mi nariz llora por no encontrarla, me recrimina por no buscarla.  Trato de consolarla, pero ella lo único que quiere es encontrarla.  Mi boca la llama, grita su nombre por toda la casa.  Le grita por el jardín, por el bosque, por la ciudad.  Con voz desagarrada sigue buscando, se ha quedado muda por gritarle.  Me dice que quiere besar su mejía por última vez, solo tengo el valor para decirle que eso no se va a poder.  Me siento solo sin mis sentidos.  Vacio sin ellos.  Dentro de mí solo permanece uno, el que prometió nunca dejarme, el que sigue latiendo dentro de mí.  Mi último sentido me alienta, me da valor, me ayuda a recuperar lo que un día dentro de mi se perdió.  Me levanto de donde estoy, tomando el valor que mi ultimo sentido en mi dejó.  Doy un paso, otro, y todo dentro de mi desapareció.  Busco nuevamente pero entiendo que mi corazón murió.  Tomo nuevamente el valor que dentro de mí dejó, tomo mi guitarra y mi bolso a buscar a quien mi corazón amó tanto que hasta su vida por ella dió.

Mi puente



¿Quien eres puente?
Que me llaman tus orillas para sentarme a contemplar mi sufrir.
Que me invitan tus aceras ha explicarles la razón de mi depresión.
Déjame contarte mi sufrimiento y prometo que esta vez será la última que sabrás de mí existir.

Gracias puente por todas las noches en las que permites sentarme a tus orillas a luchar por mi dolor. 
Eres mi única compañía en mis noches de pena. 
Eres quien entiende mi dolor sin decir una palabra, mi único compañero en las noches de frío, mi fiel aliado en mis días de alegría. 

Oh puente, eres el único que está en el mismo lugar esperando por mí, el único que no se cansa de escuchar mis penas, mis plegarías, mis alegrías. 
Te prometo puente que esta es la última noche que me tendrás aquí, renegando de mi vida que se encierra en un callejón sin fin, donde el amor no existe, donde el hogar es una guerra, donde el presente es incierto y más incierto el futuro que lo espera.

Puente, mi puente, puente de todos.
Déjame encender un cigarrillo más, deja que mi vida se largue con él.
No me detengas, no me abrases.

Llévate mi dolor, llévate mi sufrir, llévate todo lo que hace que este día mi vida tenga un fin.
Guarda contigo mis mejores días, los días que felizmente pasé con el mundo, con mi mundo, con tu  mundo. 

Un cigarrillo más, no me detengas si lo que quiero es fumar. 
Deja que mi angustia se disuelva por el viento como su  maldito humo, porque sabes que esa es la seña de mi dolor, del dolor que su partida me dejó. 

Y así se acaba nuestra última noche, donde 16 cigarros no apagaron mi dolor. 
Esta es nuestro último encuentro, nuestra última noche, nuestro último adiós... mi puente.


Sin inicio ni fin...


Llegaste como nómada a mi vida para situarte en mis pensamientos. 
Hablé con mi psiquiatra para encontrar una razón por la cual de mis sueños no te puedo sacar. 
Él me dice que todo está bien que allí te quedarás, porque ese lugar nunca nadie te lo podrá quitar.  Comprendo que conmigo ya no quieres estar, fue una decisión que mis estupideces te hicieron tomar. 
Eres el ángel que Dios mando a mi vida. 
Eres la luz que a mi vida pedí a los cielos, quien llegó, quien ser marchó, quien deje ir.
Mis amigos, artos de mis sentimientos dicen que te olvide, que ya es suficiente, que lo tengo que aceptar, pero, por más que lo intento de mi mente no te puedo sacar. 
Y así pasan mis días sin inicio ni fin. Sin mensajes, sin llamadas. 
Sin una señal que me digan que cerca de mi estás y a mi lado tu regresarás.

Infidelidad: 2 El pasado


No entendía la razón por la cual mi humor no estaba lo suficientemente bien como para hablar con ella.  ¡Cielos! ¡Era mi esposa a quién yo estaba evitando!  Recuerdo que la única vez q la evite fue cuando sospechaba que ella salía con mi mejor amigo, que de hecho, así era. Mi mente divagaba en todos esos recuerdos que me hacían daño.  Sentí por un momento que la odiaba por todo aquel sufrimiento que en mí había  causado, pero, entendí que solo era parte de mi imaginación y de los estragos que en ese pasado ella había hecho en mí.  Busque algo de ropa interior para darme un baño y así tratar de sacar todos esos recuerdos absurdos que en mi mente había.  Entré a la regadera y encendí el grifo, sentí que el agua caliente corría por mi cuerpo relajándolo, y, deje que mi mente y mis pensamientos se dejaran llevar por esa sensación.  Salí de mi ducha directo a la cama.  Dormí durante 30 minutos los cuales parecieron horas.  Desperté con la esperanza  que aquella mujer y los oscuros recuerdos del pasado con mi esposa desaparecieran.  Sin embargo… aún seguían.  Tomé la siesta como quién se toma una botella de whisky para olvidar sus problemas, había logrado olvidar mi realidad mientras dormía, sin embargo, al despertar seguía parado en el mismo lugar.  Mi esposa llego a la habitación con una bandeja, y, en ella una taza de chocolate caliente y galletas al lado de la taza.
-  Lograste descansar? - pregunto ella.
-  La verdad es que pase teniendo pesadillas mientras dormía - ella no preguntó que clase de pesadillas, lo cual agradecí.
-  Espero que te guste el chocolate - dijo.  El silencio se apoderó de nuestro ambiente en la habitación.  Lo rompí preguntando.
- Alguna vez has pensado en lo importante que puede ser el pasado?
- Yo solo dejo que el pasado quede en donde pertenece, en el pasado.
- Eso es fácil para alguien a quien no le han partido el alma!
Dejé que el enojo de mis recuerdos se apoderara de mí, y, en un instante no pensé lo que decía. Sin querer logré herirla.  Me dirigí a ella para abrazarla y le dije muy suavemente al oído.
- Lo siento amor no razoné lo que dije, todo esto ha sido una equivocación.
Ella sabía perfectamente de lo que estaba hablando.  Me sentí como una basura, o talvez peor. No podía creer el daño que le estaba causando a la mujer que amaba.  Mis pensamientos revoloteaban dentro de mi cabeza y por un instante,  pasó por mi mente el viaje al Monte Pilatus, en Lucerna, en donde en la fuente que todos se juran amor eterno nos prometimos olvidar todo nuestro pasado y volver a empezar.  Así había sido durante 5 años, hasta ahora.
- Te desconozco.- dijo con la voz entrecorta - aunque tu accionar alguna razón tendrá.
Ella salió de la habitación para dejarme solo en ella.  Durante 5 años de matrimonio, nunca lo había hecho.  Me aterraba imaginar que era lo que pensaba, ni si quiera yo sabía que era lo que verdaderamente hacia que mis acciones fueran estas.  Ella salió hacia casa de su madre.  Esperé durante 10 minutos dejando que llegara a su destino y le contara todo lo que entre nosotros pasaba.  Su madre sabía más de nuestra relación que yo mismo y eso me incomodaba.  Tomé el libro y me dirigí hacia la plazuela Villatoro, lugar que frecuentaba a leer todas las tardes.

- Bah!!! - me dije a mi mismo al ver a las parejas de adolescentes de la mano - cuando estén casados ya veremos si caminan igual. 
Me senté en una banca cerca de la entrada de una guardería.  Tomé mi libro para intentar leer pero no fui capaz de abrirlo, la serie de sentimientos que tenía dentro de mí no me dejaban concentrarme e intentar leer en ese momento.  Encendí un cigarrillo y disfrute fumármelo, revisé la cajetilla y me di cuenta que solo me quedaba uno.  Salí del parque hacia el market más cercano para comprar una cajetilla, mi maldito vicio no me dejaba leer sin fumar.  Regresé al parque, a la misma banca.  Aburrido de tener la misma rutina durante todas las tardes, fui de regreso a mi casa,  a mi pequeño fiero, frustrado por no poder aclarar mi mente.
Llegué a mi casa, tomé el control remoto y encendí la televisión.  Para mi sorpresa, nada interesante que ver.  Me detuve en  el canal de deportes en el cual había un programa sobre críticas de la jornada de fútbol del domingo y al terminar empezaría Monday Night Football en el cual el partido del día prometería dar de que hablar.  Se estaba jugando el campeonato de la conferencia Este entre los Vaqueros de Dallas y los Gigantes de New York.  Me dirigí hacia la cocina a tomar una cerveza y algunas papalinas para estar más cómodo durante el partido.  Llegando a la refrigeradora veo una nota, era de mi esposa. 
"Regresé a casa para tomar algunas cosas, por favor no me esperes a cenar.
Un abrazo."
-¡Qué demonios piensa! - dije en voz baja - Ahora se le olvida que tiene esposo.
- Lo siento amor mío, que descanses
Lo último que quería era que me hablara.  Por un instante pensé en abrir los ojos y decirle que no quería dormir al lado suyo, que se alejara, que se marchara.  Que fuera capaz de borrar todo el dolor que su pasado oscuro había causado en nosotros así como había sido tan egoísta para crearlo.  La rabia y el dolor que sentía en ese instante hicieron que brotaran lágrimas de mis ojos.  Todo el amor que sentía por ella estaba empezando a esfumarse.

Atado


Estas manos que me callan y no me dejan gritarle lo que siento.
Estos ojos que se cierran y no me dejan ver mi realidad.
Esos oidos que se ensordecen y no me dejan escuchar su melodía.
Este corazón que se muere al conocer su soledad.

Infidelidad: 1 El recuerdo




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