Despues de muchos años, de nuevo

 Habia algo en mi cabeza que no daba razón, ni intención de ser.  Simplemente existía como existenten palabras al conversar.

Sin duda alguna has vuelto. Si, volviste hacer de las tuyas en mi cabeza.

Hoy hay una revolución de ideas que no puedo controlar.   Y es tan fácil escribirlo pero tan complicado de explicar.

Te fuiste en un atardecer de noviembre y vuelves en un insomnio de julio.  ¿Tan complicado se te hacia quedarte en el exilio?

Acá, por más que luche, no puedo hacerte un hueco.  Ya todo se encuentra en su lugar.   Todos los sueños se han materializado, como tu adiós en otoño.  Un otoño que se llevó nuestros sueños con sus fuertes vientos, pero sobre todo, se llevó a ti y a tu recuerdo.

Sigo, lucho, en recordar que había en mi cabeza que me invitaba a escribir.   Supongo que nada, ni tu recuerdo, ni tu adiós. 


Lágrimas de un ángel

Todo empezó esa tarde, una historia como cualquiera que sea de sentimientos entre un chico y una chica, nada extraordinario y poco común. El chico muy tímido, ella no tanto. El la vio en la biblioteca, era la primera vez que ella estaba en dicho lugar, lo curioso, en la mesa que el joven visitaba todos los días para leer aquel libro que no alcancé nunca a ver el nombre. Esa tarde él muy extrañado de que alguien ocupara aquel lugar, nunca nadie se sentaba por esa esquina ya que era muy fría para cualquier chico que buscara leer, sin embargo a él no le importaba mucho el frío mientras pudiera estar tranquilo con la única cosa que el apreciaba, su libro. Entonces sucedió algo que solo Dios sabe cómo se llama, destino, suerte o algo mucho más fuerte.

Puede ser que Dios haya puesto su mano justo aquella tarde en esa vieja y triste esquina, ¿para qué? Yo solo soy un ángel que no puede saber ni sabe para qué. El se acercó a ella y vi una hermosa sonrisa que alumbró dos ojos marrones, supe que ese momento era especial porque sentí un latido extraño en el corazón de aquel chico por lo que no pude resistir acercarme para saber qué pasaba. El se acercó extrañado y nervioso, ella vuelve a sonreír haciendo que mi corazón también latiera. He de aceptar que también nosotros podemos sentir algo por una persona, no solo a los humanos les dio Dios la divinidad del amor, a nosotros también y de una manera especial que nos hace sentir amor por todos.

Al ver esa sonrisa supe que Dios había sido cómplice de algo muy hermoso, un sentimiento puro de amor y lealtad. Vuelo al rededor de ellos siempre observándolos de cerca y agudizando mis sentidos para no perderme detalle del encuentro. El saca de su boca un tímido "Hola", ella una risita muy cálida acompañada de una pequeña disculpa por invadir su viejo, vacío y frío lugar. "Te he visto días atrás, tú siempre acá tan solo y hoy quise acompañarte" dijo la chica con una voz muy dulce. Él se sonroja y me imagino que ha de haber pensado que había sido observado y él ni cuenta jamás se había dado. Él muy ruborizado dice su nombre, como todo un caballero se presenta primero. Ella de nuevo sonríe enamorándonos de nuevo a los dos (he de decirlo) y se presenta; "María, mi nombre es María. Lo ha decidido mi madre".

Fue entonces en ese preciso momento donde vi que aquel joven ya no tomaba muy fuerte aquel libro en el que se había aferrado tanto durante todas las veces que se acercaba por esa vieja esquina, algo era distinto, algo había sido cómplice de que él soltara su más preciada pertenencia. Supe que la chica era la culpable de que la persona a quien guiaba fuera libre por un momento, ese libro siempre había sido lo único para él, su única compañía. Sabía con certeza que lo había leído tantas veces que hasta hizo que se me olvidara cuantas habían sido ya, ese libro era lo único que lo aferraba con el triste recuerdo de su ya fallecida madre. El sol se ocultó y con él llego el momento de decir adiós.

Se despidieron y sé que ha sido una despedida muy difícil. Yo seguí al chico, después de mucho lo había escuchado cantar, al llegar a su casa tomó la foto de su madre y le contó sobre ella, repetía una y otra vez lo lindo que era verla sonreír. Al siguiente día tomó todo de nuevo con su mismo rumbo, la vieja esquina de la biblioteca. Al llegar ella de nuevo lo esperaba. Así fue un día tras otro, él muriendo de las ganas de verla cada tarde hasta el atardecer. Así fue un día tras otro, él era feliz cada tarde y desdichado los fines de semana en los cuales la biblioteca se mantenía cerrada. He sido feliz con la felicidad de este pequeño, me regocijaba cada vez que lo veía con aquellos ojos llenos de ilusión y encanto, yo era feliz con él.

Pero un día ella no llego, el la esperó y ella no apareció. Tomo una hoja junto con un lápiz y escribió el siguiente poema:

Y cada tarde que ella llegaba a dejar flores en aquella pileta situada junto a la virgen, yo me escondía detrás del muro de piedra, observándola por aquella vieja grieta que atravesaba el muro.

Ella siempre tan linda, tan bella, tan radiante. Yo siempre escondido, tan miedoso, tan cobarde.

Tan cobarde de mi, tan miedoso de ella, siendo ella la causa de mis risas, ella la razón de mi ilusión, ella y solo ella el motivo de mi inspiración.

Ella se agacha con su vasija a tomar el agua. Yo la observo, con ternura lo acepto, sin salir detrás del muro que me resguarda.

Ella voltea, yo me escondo, entre la grieta muy poco puede ver. Ella sonriendo, yo me enamoro, más que al verla bajo la luz de la luna de ayer.”

Se marchó muy triste esa tarde, siempre con la esperanza de verle de nuevo a siguiente día. Llegó a su casa, esa noche no le habló a la fotografía de su madre, recuerdo que se recostó en su cama, vio por la ventana y le pidió a la luna que le permitiera verla al siguiente día.

La luna conspira cuando los sentimientos son puros y verdaderos. Al siguiente día al ella ocultarse le pide el sol que con su nueva luz lleve consigo todas aquellas esperanzas de los desdichados que se acercaron a ella la noche anterior.

Ese día vamos los dos muy apresurados a esa esquina nuevamente, entramos a la biblioteca con la esperanza de que las suplicas hayan sido escuchadas. Al cruzar el último estante de libros, ella estaba sentada en ese frío lugar. Nuestros corazones brincaron de alegría y emoción. Al llegar él sacó de su viejo pantalón un papel arrugado con el poema escrito el día anterior, lo extiende y se lo entrega en sus manos. Él dice: “Ayer fue el peor día de mi vida, no te encontré aquí y no supe dónde estabas. He sido ese niño detrás del muro de piedra siempre escondiendo los sentimientos hacia a ti pero no quiero que esto siga así. Quiero tenerte conmigo, ver tu sonrisa cada día, ser quien te haga sonreír aunque no sea el momento de risas pero me he enamorado desde esa tarde que te vi en este lugar. No quiero no verte, quiero estar contigo” veo que de los ojos de ella brotan lagrimas, se me parte el alma verlo. Ella responde: “Vengo a despedirme, es hora de marcharme”.

Fue muy duro ser parte de eso. Pero Dios puso su mano en ese lugar para; para curar un corazón antes de llamar a alguien a su lado. El chico decide dejarlo todo y toma camino con ella. Suben a un tren y ella le cuenta la razón por la cual debe marcharse. Promete que pronto lo acompañará de vuelta a que pueda despedirse de todos, en ese momento no había tiempo para nada. El planea que a donde vayan lo primero que haría es buscar empleo, cuando un ruido que dejó sordo a todos los ocupantes. Alguna falla mecánica o humana, no sé. El tren pierde el rumbo y los vagones se estrellan unos con otros. Hice todo lo posible por salvarlos, pero no estuvo en mis manos, sus cuerpos salieron disparados por una de las ventanas de los vagones. Ellos dos, esos chicos de aquella esquina fría y oscura, los dos tirados en aquel suelo lleno de cuerpos sin vida. Veo al cielo y no me lo explico, pero Dios tiene planes perfectos. Vuelo de nuevo junto a ellos, los dos juntos, tan cerca. Mis ojos brotan lágrimas a verlos, si los ángeles también lloramos al ver cuando el humano que nos fue encomendado muere. El acerca sus labios a los de ella, le da un beso y diciéndole Te amo da un último suspiro.

Todo terminó allí, fue una bella historia de amor tan llena de sentimientos, tan leal y tan pura. Perdonen por ser tan cruel porque todo haya terminado así, pero no es una triste historia, en el cielo Dios les dio un lugar a los dos donde se sientan todas las tardes en una esquina a leer un libro y escribir un poema.

¿Porqué no sólo vienes?

¿Porque no solo vienes y te sientas a mi lado?

Sigo en esta espera de ti, por ti y siempre fiel a ti. Sentado nuevamente en un lugar donde parece imposible verte venir.

¿Porque no solo vienes y te sientas a conversar?

Es difícil no extrañar tu voz, tu sonido hablándome aquí al hombro, diciendo, maldiciendo el mundo, pecando con las palabras, torturándome con estas ansias de expresarte mi sentir.

¿Porqué no sólo vienes y te quedas aquí?

Ven te invito aquí, haré un espacio exclusivo para ti. Quiero sentirte cerca, ansío verte llegar, sentir tu aroma y a tu lado la luna poder contemplar.

¿Porqué no sólo vienes para verte venir?

Ver como me miras y como te observo llegar, estar junto a mi sin dejarte ir jamás, porque una vez caí y hoy me he levantado para nunca adiós decir.

¿Porqué no sólo vienes y vives junto a mi?

Una antología de caricias

Ven, abre tus brazos y abrazarme, no me sueltes, como si fuera una despedida.

Ven, abre tus ojos y contempla estos que por ti están abiertos, que te ven como lo más hermoso, observando sin pudor cada centímetro de tu piel, desde tu cabello hasta tus pies.

Ven, bésame. Entrégame tus labios, hagamos de esto un mar de besos, sin censura, sin miedo, rozando nuestros pómulos, nuestros rostros cada vez mas cerca, juntos solos tu, yo y la luna.

Ven, entrégame tus manos. Acariciare despacio tu piel, frotaré tu espalda creando en ella una antología de caricias, enamorándote, enamorándome.

Ven, entrégame tu corazón. A cambio ya tienes el mío y todo mi amor.

Carta a Beatriz

Perdona mi insistencia, se como te sientes pero no se cómo explicarle a este tonto corazón que te deje de amar. Te veo caminar, pensando y preguntando la razón por la cual te deje escapar. Tome mi vida sin saber que el dejarte ir sería un juego de azar apostándole todo a que muy pronto íbamos a regresar.

Pero basta, ya de rimas sin sentido, de prosas, de lamentos tontos llorando una partida inevitable, una pérdida irrecuperable con miles de recuerdos imborrables que martillan mi mente y torturan un corazón creándole vagas ilusiones de un pasado que simplemente murió.

Perdí todo, hasta la gana de escribir. Las redundancias ya no vuelven, las letras desaparecieron y aquí se vive pretendiendo que todo esto regrese a tu vuelta, aún sabiendo que no te dejarán entrar.

Aún tienes a este pobre corazón latiendo, dentro de un cuerpo muerto y una mente creando palabras, buscando redundancias solo para decir lo que sienten. Pero seamos honestos y hablemos claro, a nadie le importa todo esto, no hay alguna persona capaz de apostarle un centavo a las letras que nacieron por un sentimiento, un fugas y puro sentimiento de amor.

Se cómo te sientes, lo se porque también hay alguien fuera de esta puerta tocando, suplicando por entrar y juego a lo mismo que tu, le pondré a buscar rimas para ver si merece ocupar un lugar.

"Siento este corazón latiendo, por besar tus labios esta muriendo, aterrado a tu amor seguir perdiendo"

Le sale bonito pero tu lugar jamás nadie ocupara.

Fin

Despiértame cuando se esconda la luna – Parte V: ¿Ahora me traen a un hombre que también hace partes en mi historia? Parte II

El sacerdote después de un pequeño suspiro continuo:

“Como olvidar ese pequeño vestido rosa. He de aclararte para que no me tomes como pervertido que no era pequeño por el poco vestido si no por nuestros tamaños, apenas éramos unos adolecentes y yo ya estaba perdidamente enamorado de ella sin que me hablase. Pero ese día era un día especial. Al darnos el saludo de la paz sin querer tropezamos los dos, yo sin perder ni un segundo me levante deprisa para ayudarle a ella a levantarse; “Lo siento, ha sido culpa mía” le dije sonrojado, “Para nada creo que ha sido mía” dijo ella entre risas, (el sacerdote río al recordar tan bello momento para el). En ese instante sabía que algo bello iba a nacer.

Es muy interesante pensar en lo que el padre Dios te pone en el camino. Realmente ahora lo pienso y digo: ¿Cómo es posible que Dios, en su casa, haya hecho enamorarme de la única mujer en mi vida si me quería para ser un instrumento más en su reino? Es una pregunta que la respuesta solo el y yo la tendremos siempre. Pero bueno, siguiendo con esta pequeña historia.

Salimos y volvimos a encontrarnos fuera de la iglesia. ¿Tú eres el que vive a mi lado? ¡Que! ¿Estaba preguntándome algo? Pensé. La mente suele jugarte muy malas pasadas como esa porque era solo mi imaginación. Realmente no preguntaba nada, solo había una mirada profunda y lenta entre ella y yo. Ella dio el primer paso, sonrió, yo me quedé inerte preguntándome si era otra pasada de mi mente. ¿Y adivina? No lo era. Un “Hola” crudo y sin censura bastó para empezar la conversación. Yo parado sin creerlo (sonreía el sacerdote al contarlo) tardé un par de segundos en contestar. He de confesarte que sospecho que pensó que era un retardado por no contestar al instante. “Hola” dije yo y esta vez la pregunta salió de mis labios, “¿Eres tú la que vive al lado de mi casa? “ a lo que ella tan dulcemente contestó “Si, soy yo”. Ese es uno de los días que mejor recuerdo, claro, no fue una tan larga conversación ya que ella tenía que marcharse y yo también, con la única diferencia que ella iba en automóvil con sus padres y yo caminando, solo. A los pocos días la invité a un pequeño grupo de la iglesia a lo que ella aceptó. Sé que no hice muy bien en aferrarme de los mandatos de Dios para enamorar a una niña, pero era un pequeño e inocente que solo buscaba acercarse al amor de su vida.

Las cosas entre ella y yo iban haciéndose algo fuertes, habíamos avanzado mucho en una amistad buena y sana. Llegaba a jugar al patio de su casa, te confieso que algunas veces tuve que aceptar a jugar con muñecas, al fin y al cabo lo importante eran los momentos que juntos pasábamos. Poco a poco la amistad iba creciendo, pero increíblemente también crecían cosas con ese sentimiento. Llegaban momentos en los que no podíamos estar sin vernos, cuando ella iba de vacaciones con su familia, le echaba mucho de menos. Se que ella sentía lo mismo, lo sé porque lo confesó.

Pasaron los años, siempre juntos como dos grandes amigos. Ella partía, yo sufría. Ella regresaba y era mi alegría. Mi felicidad estaba junto a ella y la suya a mi lado. Paso mucho tiempo para darnos cuenta que éramos el uno para el otro.

Y como lo supondrás, llegó el día, 7 años depués. Ella sentada en una banca del parque leyendo, me gustaba verle leer. Yo llego de nuevo con un crudo y sin censura “Hola”, ella volteó y me regalo la más bella sonrisa. Ya todo estaba planificado, la tomé de la mano y me lleve a caminar por el bosque. Cada flor que encontraba en el camino iba cortándola y haciendo un ramo de diversos tipos de flores. Al llegar al centro del bosque, bajo de un arco hecho de guillas y ramas de los arboles de todo tipo, le declaré mi amor. Era el 8 de noviembre de ese año. Sufrí al ver su cara, tuve miedo a recibir un “no” como respuesta. Ella me vio tiernamente a los ojos y me dijo un bello y tierno “Si”. Mi corazón latía tan rápidamente que no pude controlarlo. Le tomé de la mano, acercamos nuestros rostros y con un beso fugaz empezó nuestro amorío.”

Los ojos del sacerdote se llenaron de lágrimas al recordar esa parte de su historia.  Empezaba a pensar que para él esa mujer había sido de gran valor en su vida y no solo eso, yo empezaba a identificarme con ese hombre.  Tontamente pensaba “Seguramente lo traicionó para tomar la decisión de volverse sacerdote”, tontamente pensaba eso. 

Este hombre que tenía delante de mí había sido alguien como yo.  Él también se había enamorado, nadie cuenta una historia con tanto sentimiento si no lo ha vivido.  Por fin en tanto tiempo empezaba a pensar que no era el único, aunque sabiendo que muchas personas más pasaban por algo como lo que yo había pasado, no dejaba de doler.

Se secó los ojos con su pañuelo y suspirando empezó de nuevo.

Su última voluntad

Asi fue

Despiértame cuando se esconda la luna – Parte IV: ¿Ahora me traen a un hombre que también hace partes en mi historia? Parte I

Mi madre apiadándose de mí llamó al sacerdote del pueblo para que le rogara a Dios por mi o para que pudiera recuperarme no solo física sino emocional y sentimentalmente. Antes de la charla con el sacerdote pensaba que nada importaba pero nunca me imagine que detrás de una persona con una sotana pudiera haber un gran hombre. Eran las tres de la tarde de un miércoles, el llegó a nuestra casa, toco la puerta y mi madre lo paso adelante.

- Hola Juan Pablo – saludó con una gran sonrisa que me ofendió verla - ¿Cómo ha ido tu proceso de recuperación? – preguntó a lo cual no respondí.

Hubo un silencio penetrante entre nosotros dos.  El sabía que no necesitaba hablar con nadie que tratara de hacerme ver la vida desde otra perspectiva.  Respiró profundamente y dijo.

- Aunque no lo creas, entiendo perfectamente tu dolor.

Su absurdo comentario me ofendió tanto que exaltándome y casi gritando dije:

- ¡El dolor físico talvez pueda entenderlo!  Aunque lo dudo.  No se ofenda, pero, ¿Cómo puede alguien que jamás se ha enamorado entender como me siento por dentro?  Lógicamente se ha enamorado de un Dios que se divierte quitándole lo más preciado a los seres humanos y que los trata a su gusto y antojo, pero jamás de una mujer de quien puede llegar hasta dar su vida por ella.  Por favor padre, no trate de levantar los ánimos de alguien que no quiere seguir adelante, pierde su tiempo.

- Te equivocas hijo – dijo entre suspiros – Un día me enamoré de una mujer, talvez igual o más de lo que te enamoraste de Beatriz – sentí una punzada en el estómago cuando menciono su nombre – no la he olvidado porque aún la recuerdo como el más bello momento que Dios me ha regalado.

- Y si no la ha olvidado, ¿Porque no se quedó con ella? Porque huyó a refugiarse en ese Dios que me ha arrebatado todo, ¿Porque? ¿Porqué?

- La verdad no está lejos de donde te lo imaginas.  Déjame contarte y entenderás lo que te digo.

El empezó su historia.

“Hace mucho tiempo, más del que puedas imaginar la conocí.  Éramos muy pequeños aún en ese entonces pero no logro olvidar sus ojos de niña la primera vez.  Ella llegó a vivir al lado de mi casa, teníamos 10 años. Su padre era coronel y los había llevado hasta este pueblo a ella y a su madre para resguardarlas de la guerrilla interna entre el ejército y los rebeldes. Esa tarde yo estaba jugando en la empedrada calle de nuestro pueblo cuando con sus maletas caminó hasta la abandonada casa en donde iban a vivir. La observé desde que delicadamente bajo su pequeño pie hasta que entró en la casa. Llevaba un vestido floreado y una cinta en el cabello, creo que fue la primera vez que sentí vergüenza por cómo me encontraba vestido, ya que tenía una pantalonetía muy sucia y una pelota de plástico. Estaba lleno de lodo porque la calle no era asfaltada y era tiempo de lluvia. Me quedé observando todo el movimiento por una hora, hasta que mi madre me llamó ese día. Luego, cada tarde regresaba con mi pelota y la pateaba cerca de su casa, yo la observaba por la ventana, ella siempre jugando con sus muñecas. Nunca salía de su casa y no me quedaba mas remedio que observarla por el mismo lugar todas las tardes. Así pasaron varios meses, ella siempre dentro de su hogar y yo repetía la misma rutina. Siempre tuve la esperanza de poder hablarle algún día, a pesar de que no se me daban las cosas muy bien con las chicas tomando en cuenta que aún era un niño. Por alguna extraña razón esa niña no era como las demás, a esa edad me daban asco pero ella no, ella hacía que dentro de mí naciera una curiosidad extraña, hasta que un día la vi en misa.”

El hizo una pausa y yo pensé lo siguiente: Ahora solo faltaba que me dijera algo relacionado con el Dios que venía a pintarme.  Pienso: ¡Que absurdo y ridículo se ve un sacerdote hablándome de mujeres!  Como si no supiéramos todos que se dedican a adorar a un hombre. Realmente no tenia idea de lo que por mi mente pasaba, sin duda alguna después de escuchar esa historia algo iba a cambiar, aunque en ese momento no tuviera la esperanza.

El prosiguió con su historia

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