Espero que este pequeño trozo de carbón sea capaz de sacar toda la rabia y odio que hay en mi corazón. Anoche no pude dormir por tantos gritos y lamentos que escuchaba al lado de mi cama. Sin querer recibí un golpe, no sabía de donde venía. En primer lugar pensé que había sido de mi padre por un olor a rancio y alcohol que hasta mi nariz llegaba. Pensé que había sido mi madre, a quien a través de la luz de la vela que alumbraba mi cuarto logré ver su cara que mostraba una silueta de sufrimiento. "Alguno de mis 5 hermanos" pensé por un instante, pero al intentar huir me tropecé con el cuerpo de uno de ellos. Juan, Pablo, Marta, María e Inés, todos estaban tendidos en el piso inmóviles. Sus cuerpos yacían en el suelo de nuestro único cuarto que hacía nuestra casa. "Pablo, despierta" dije gritando junto al cuerpo de mi hermano mayor, sin embargo, él no respondió. Intenté correr pero un zapatazo que me dio en la cabeza me botó. "Ahora es tu turno, debes acompañar a tus hermanos" dijo una voz encima de mí. Me dieron ganas de vomitar por ese maldito olor a rancio y alcohol que ahora estaba tan cerca de mi nariz. Unas manos posaron en mi cuello, apretándolo, asfixiándome. La vela que alumbraba nuestro cuarto calló al piso, quemando unos papeles tirados, por la lumbre que el fuego dio pude ver la cara de mi madre destrozada, tirada, golpeada y hasta desfigurada. La lumbre alumbró el rostro que estaba encima de mí y pude ver a mi padre asfixiándome. Tomé la pistola de balines de uno de mis hermanos que estaba tirada junto a mi padre, pero esta era mas pesada y fría que las demás. Jale del gatillo, como le llamaban mis hermanos mayores, y de la pistola no salió una balín si no una explosión. Ahora me tienen encerrado en este cuarto, muriéndome del sueño y tratando entender lo que pasó. No pido entender lo sucedido porque a mis 8 años me falta por vivir. Los policías me acusan de una masacre, dicen que he matado a toda mi familia, yo lo único que pido, es tener a mi madre aquí para que me saque de este frío y obscuro cuarto.
Después de una noche de copas creo que es necesario decir lo que por ti siento. Porque decir que mi amor por ti puede contradecir todos los argumentos que pueda demostrar del rumbo de mi vida. Apenas han pasado 14 meses y siento como si fuera hace unos momentos nuestro primer beso. Ahora me pregunto ¿Donde estás? ¿Que te has hecho? ¿Donde te has metido?
Te he buscado por todo el continente, pensando en los posibles lugares donde puedas esconderte. Mi primer viaje fue a Iguazú, donde en un aventurado viaje vi por primera vez tu sonrisa y donde me enamoré perdidamente de tu fiel compañía. Recuerdo que juntos de la mano paseamos por aquel hermoso paisaje, escuche tu voz, supe tu nombre y nada más bastó para querer aventurar mi vida a tu lado.
Te busqué por los Andes, nuestro primer viaje juntos. En esa extraña cordillera me enseñaste que era amar, jamás nadie se había entregado a mí como lo hiciste esa noche. Tu le pusiste nombre a nuestra primera cima y me juraste que ese instante jamás de tu mente lo ibas a borrar.
Empezando mi locura por no encontrarte, emprendí mi viaje hasta las Amazonas. Viajé por la selva buscando el lugar donde matrimonio te propuse. Llegué sin descansar entre tan espesa selva hasta el altar donde por primera vez en mi vida a alguien pude amar. “Cásate conmigo” te dije sin pensar “Nada me haría mas feliz” respondiste sin vacilar.
Desesperado por encontrarte, hasta Machu Pichu me dirigí. Caminé sin parar, sin descansar y sin un trago de agua a mi boca le di a saborear. Esas ruinas me recuerdan más a ti y hacen más intensa esta agonía y todo porque hace 6 meses nos casábamos bajo el atardecer del más precioso de los días.
Ahora solo me queda esperar encerrado en el más triste de los cuartos de mi hermosa Guatemala. Se que lees mis cartas y mis poemas. Aunque como anónimos lleguen a mi blog tus respuestas, se que en algún lugar de Argentina estás, esperando a tu próximo amor puedas encontrar.