Aquí me tienes sentado en este muelle nuevamente, son las 22:00 horas y no quiero moverme de este lugar en donde por enésima vez tu resplandor quiero contemplar.
Justo es este lugar a mi esposa días a tras te vine a presentar.
– Es muy linda – dijiste junto con el mar – Tendrás que protegerla o de tus brazos se marchará.
– No te preocupes – dije tu grandeza admirando – Que ella siempre en todo mi amor estaré contemplando.
Tu y el mar bendijeron esta unión, ella y yo unificamos nuestro amor. Los siguientes días vine radiante al mismo lugar, a gritar de felicidad por el amor que nos habías regalado. Hoy vengo de nuevo llorando a este muelle por el mismo amor de aquella noche que hoy tú nos has quitado.
Ella salió sin rumbo y sin dirección a encontrarse con la naturaleza, eso fue lo que ella dijo. Yo creí en sus palabras y la dejé ir, sin saber que de mi vida para siempre se marcharía hacia el lugar en donde los caminos nunca tendrán fin.
Ella se fue con viento la noche de ayer, que no soy nada sin ella no lo quiso entender.
Caminó por el bosque, bajo tu luz la guiaste hacia su destino, las aves me contaron que a tu encuentro se dirigía y que junto a ti por la eternidad permanecería.
Si, ella murió ayer dejándome solo en este atardecer, dejando conmigo este corazón roto, estos sueños esfumados y estas ilusiones en pedazos destrozadas. Luna, si contigo está, hazle llegar estas palabras, hazle llegar este amor, encerrado en lo que esta noche con lágrimas te entrego, todo este pobre y roto corazón.
Aquí me tienes sentado en este muelle por última vez, esperando que algún día mis oraciones puedas entender.
