No entendía la razón por la cual mi humor no estaba lo suficientemente bien como para hablar con ella. ¡Cielos! ¡Era mi esposa a quién yo estaba evitando! Recuerdo que la única vez q la evite fue cuando sospechaba que ella salía con mi mejor amigo, que de hecho, así era. Mi mente divagaba en todos esos recuerdos que me hacían daño. Sentí por un momento que la odiaba por todo aquel sufrimiento que en mí había causado, pero, entendí que solo era parte de mi imaginación y de los estragos que en ese pasado ella había hecho en mí. Busque algo de ropa interior para darme un baño y así tratar de sacar todos esos recuerdos absurdos que en mi mente había. Entré a la regadera y encendí el grifo, sentí que el agua caliente corría por mi cuerpo relajándolo, y, deje que mi mente y mis pensamientos se dejaran llevar por esa sensación. Salí de mi ducha directo a la cama. Dormí durante 30 minutos los cuales parecieron horas. Desperté con la esperanza que aquella mujer y los oscuros recuerdos del pasado con mi esposa desaparecieran. Sin embargo… aún seguían. Tomé la siesta como quién se toma una botella de whisky para olvidar sus problemas, había logrado olvidar mi realidad mientras dormía, sin embargo, al despertar seguía parado en el mismo lugar. Mi esposa llego a la habitación con una bandeja, y, en ella una taza de chocolate caliente y galletas al lado de la taza.
- Lograste descansar? - pregunto ella.
- La verdad es que pase teniendo pesadillas mientras dormía - ella no preguntó que clase de pesadillas, lo cual agradecí.
- Espero que te guste el chocolate - dijo. El silencio se apoderó de nuestro ambiente en la habitación. Lo rompí preguntando.
- Alguna vez has pensado en lo importante que puede ser el pasado?
- Yo solo dejo que el pasado quede en donde pertenece, en el pasado.
- Eso es fácil para alguien a quien no le han partido el alma!
Dejé que el enojo de mis recuerdos se apoderara de mí, y, en un instante no pensé lo que decía. Sin querer logré herirla. Me dirigí a ella para abrazarla y le dije muy suavemente al oído.
- Lo siento amor no razoné lo que dije, todo esto ha sido una equivocación.
Ella sabía perfectamente de lo que estaba hablando. Me sentí como una basura, o talvez peor. No podía creer el daño que le estaba causando a la mujer que amaba. Mis pensamientos revoloteaban dentro de mi cabeza y por un instante, pasó por mi mente el viaje al Monte Pilatus, en Lucerna, en donde en la fuente que todos se juran amor eterno nos prometimos olvidar todo nuestro pasado y volver a empezar. Así había sido durante 5 años, hasta ahora.
- Te desconozco.- dijo con la voz entrecorta - aunque tu accionar alguna razón tendrá.
Ella salió de la habitación para dejarme solo en ella. Durante 5 años de matrimonio, nunca lo había hecho. Me aterraba imaginar que era lo que pensaba, ni si quiera yo sabía que era lo que verdaderamente hacia que mis acciones fueran estas. Ella salió hacia casa de su madre. Esperé durante 10 minutos dejando que llegara a su destino y le contara todo lo que entre nosotros pasaba. Su madre sabía más de nuestra relación que yo mismo y eso me incomodaba. Tomé el libro y me dirigí hacia la plazuela Villatoro, lugar que frecuentaba a leer todas las tardes.
- Bah!!! - me dije a mi mismo al ver a las parejas de adolescentes de la mano - cuando estén casados ya veremos si caminan igual.
Me senté en una banca cerca de la entrada de una guardería. Tomé mi libro para intentar leer pero no fui capaz de abrirlo, la serie de sentimientos que tenía dentro de mí no me dejaban concentrarme e intentar leer en ese momento. Encendí un cigarrillo y disfrute fumármelo, revisé la cajetilla y me di cuenta que solo me quedaba uno. Salí del parque hacia el market más cercano para comprar una cajetilla, mi maldito vicio no me dejaba leer sin fumar. Regresé al parque, a la misma banca. Aburrido de tener la misma rutina durante todas las tardes, fui de regreso a mi casa, a mi pequeño fiero, frustrado por no poder aclarar mi mente.
Llegué a mi casa, tomé el control remoto y encendí la televisión. Para mi sorpresa, nada interesante que ver. Me detuve en el canal de deportes en el cual había un programa sobre críticas de la jornada de fútbol del domingo y al terminar empezaría Monday Night Football en el cual el partido del día prometería dar de que hablar. Se estaba jugando el campeonato de la conferencia Este entre los Vaqueros de Dallas y los Gigantes de New York. Me dirigí hacia la cocina a tomar una cerveza y algunas papalinas para estar más cómodo durante el partido. Llegando a la refrigeradora veo una nota, era de mi esposa.
"Regresé a casa para tomar algunas cosas, por favor no me esperes a cenar.
Un abrazo."
-¡Qué demonios piensa! - dije en voz baja - Ahora se le olvida que tiene esposo.
- Lo siento amor mío, que descanses
Lo último que quería era que me hablara. Por un instante pensé en abrir los ojos y decirle que no quería dormir al lado suyo, que se alejara, que se marchara. Que fuera capaz de borrar todo el dolor que su pasado oscuro había causado en nosotros así como había sido tan egoísta para crearlo. La rabia y el dolor que sentía en ese instante hicieron que brotaran lágrimas de mis ojos. Todo el amor que sentía por ella estaba empezando a esfumarse.

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