Luchar en silencio

La vida suele ser complicada, pero se necesita valor para poder poner en marcha los motores y seguir.  Luego de una perdida es difícil ser valiente y luchar.  Lo se y lo sabés porque lo conversamos.  Una historia inspirada por vos.”

En esta solitaria banca de una desolada iglesia, doblo mis rodillas y pido a Dios que yo pueda permanecer en su corazón.  Mil lágrimas he derramado desde aquella lluviosa tarde de junio cuando ella decidió partir.  Le lloré mil lunas tratando de encontrar una razón para mi vivir.  Ahora entiendo, ya fue suficiente, y después de un año debo levantar mis alas y partir de nuevo a explorar nuevas fronteras, volar a distintos países donde ella no pueda estar.  Me cansé de luchar en silencio, buscando agua en un desierto que yo mismo había construido, ¿porque? ¿Por mis errores o por los suyos?  Viví en un mundo obscuro que  mi propia imaginación había creado, me escondí detrás de sus retratos y sus hábitos, quise ser perfecto para ella, sin tener en cuenta de que mi perfección estaba dentro de mi pidiendo a gritos ser yo mismo.  Cada paso que ella daba, yo lo perseguía, tratando de ir a su lado para ser su refugio y consuelo, sin obtener éxito.  No se si mi error fue no creer en el mismo Dios en el que ella creía, un Dios que siendo el mismo lo pintamos de distintos colores.  No comprendo si hice mal en haber visto la luz mucho tiempo antes que lo hiciera ella o si mi error fue el destino que me envío a un caserío y no a un residencial como lo hizo con ella.  Cada día, cada hora, cada minuto me hacía sentir un perdedor por no tenerle a mi lado, cada segundo se volvía en un guillotina que me regalaba llanto, frío y dolor.  Esta tarde llueve como la tarde en la que le conocí y también lo hizo la misma tarde en la que le perdí.  Pensé que el cielo lloró de alegría nuestro encuentro, luego mi mente me hizo creer que lloró nuestro adiós, aún así se me hizo difícil creer que solamente llueve porque debe de llover, porque ese es su destino y porque nadie debe de parar su labor.  Ahora usted señor, me pregunta, ¿La extrañas? solo se que mi respuesta es un inexplicable si, porque aún sabiendo de que esto no puede ser aún extraño su tacto y su hablar.  No se si el mismo Dios me hizo una mala jugada creyendo que ella era todo lo que le pedí o si se me olvidó pedirle que nunca la perdiera, pero, déjeme decirle señor que su Dios la arrebató de mi camino.  No se donde pueda encontrarse, pero prometo que esta es la última carta que le escribiré, eh dicho, estoy cansado de luchar en silencio pero sigo con ganas de luchar una vez más

“Pido disculpas por tomar tu historia, pero fue similar a la mía.  Gracias por saber que con vos mi secreto está seguro.”

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